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El arte de mover una marioneta

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Henrich Von Kleist

Ya en otras ocasiones he escrito sobre Heinrich von Kleist, pero lo que ahora traduzco del alemán tiene que ver sobre el arte de mover una marioneta:

“Repliqué que me habían hablado sobre la tarea de los titiriteros como algo bastante simple: semejante al acto de hacer girar la manivela de un organillo.

En modo alguno, respondió. Más bien se relacionan los movimientos de sus dedos con los movimientos del muñeco fijado a ellos de manera bastante artificial, aproximadamente como los números a sus logaritmos o la asíntota a la hipérbola”.

“Afirmó creer que también de este último resto de inteligencia que había mencionado era posible prescindir en el manejo de las marionetas, de modo que su danza se desarrollase por completo dentro del reino de las fuerzas mecánicas y pudiera generarse, como yo había pensado, por medio de una manivela.

Expresé mi asombro al ver cuánta atención consagraba a tal remedo de una de las bellas artes, inventada por el pueblo. No sólo lo consideraba capaz de mayor desarrollo, sino que incluso parecía ocuparse personalmente de ello.

Sonrió y dijo atreverse a firmar que, si un buen mecánico le construía una marioneta según sus requerimientos, le haría ejecutar una danza cuya excelencia ni él ni ninguno de los más consumados bailarines de la época serían capaces de igualar.

¿Y qué ventaja ofrecería tal muñeco frente al bailarín vivo?

¿Ventaja? En primer lugar una ventaja negativa, querido amigo, a saber, que nunca mostraría afectación. Pues la afectación aparece cuando la ‘vis motriz‘ se localiza en algún otro punto que el centro de gravedad del movimiento. Pero siendo así que el titiritero, en nuestro caso, mediante el hilo o el alambre, no tendría absolutamente ningún otro punto a su disposición sino ése: entonces los restantes miembros serían lo que deben ser: puros péndulos muertos, y obedecerían meramente a la ley de la gravedad; un atributo envidiable, que buscaríamos en vano en la mayoría de nuestros bailarines.

Y si avanzamos más, dijo, estos muñecos tienen la ventaja de ser ingrávidos. Nada saben de la inercia de la materia que es, entre todas las propiedades, la más perjudicial para la danza; pues la fuerza que los levanta por los aires es mayor que la que los encadena a la tierra.

Repuso que al hombre le resulta imposible ni siquiera igual al títere en este respecto. Sólo un dios podía, según él, competir con la materia en este terreno”.

Puedes encontrar también referencias a Kleist en Espacio Potencial.


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