Los largos hilos de Arad
Versión para imprimir Lunes 31 de Diciembre de 2007 (Actualidad Varios) por José Bolorino.
Entrevista con Radu Dinulescu por Cecilia Andrés.
Arad es Transilvania. Drácula, Vlad Tepes, Bram Stoker, Ford Coppola, Klaus Kinski, Wilhelm Marnau, Bela Lugosi y una larga lista de sustos nocturnos llegan a la mente. Arad, la pequeña Viena, la cuarta ciudad industrial en importancia de la Rumanía socialista, se encuentra montada en muchas épocas, del siglo XVI al XXI. Miseria y grandeza, antigüedad y futuro, en una urbe que se integra junto al resto del país a la Unión Europea, llevando con ella sus Leí, su historia, teatros, danzas, marionetas.
Hemos llegado para participar en el Festival Euromarionete que organiza el Teatro de Marionetas de Arad (TMA), bajo la dirección de Radu Dinulescu y un equipo en el que destaca Alina Padurean quien ha sido nuestro puente y nuestra puerta hacia este lado del espejo.
Un edificio en el centro de la ciudad alberga al TMA y a los grupos visitantes. En él todo funciona con ritual completo, con entrega absoluta, con pasión total. Desde el cuidado al estacionar los vehículos, el descenso, la carga de los bolsos, hasta el mínimo detalle de las necesidades técnicas o de las anímicas, todo se cumple, todo se logra, todo es posible.
Es una maravilla.
Es como debería ser siempre en todas partes: un teatro que funciona, elencos que ofrecen representaciones en las condiciones adecuadas, públicos que acuden, disfrutan, se entregan, se apasionan, están abiertos a todo, y una remuneración económica que te permite cubrir los gastos cotidianos.
La vida perfecta del actor, del teatro mismo.
Radu y Alina se conducen como genios traviesos. Son frescos, honestos, miran de frente, ríen mucho. Una se siente en casa. Radu tiene bigotes, parece un leñador de cuento y en cada gesto ejerce toda la fuerza interna que posee, no se escatima. Los tres días que permanecimos en Arad no fueron suficientes para entrevistarlo ni para hablar todo lo que podríamos sobre el tema central de nuestras vidas: el teatro de marionetas. La entrevista ha debido realizarse a través de la Internet, con la intermediación de mi compañero y de Alina como traductores.
Cuando le pregunto a Radu cómo empezó el contacto suyo con los títeres lo imagino pensativo en su pequeña oficina, rodeado de papeles, distendiendo sus labios en sonrisa y la mirada colocada en infinito, hacia su infancia:
─ Desde que era niño, siempre viví en el teatro. Aprendí a caminar en el escenario del Teatro de Braila, donde mi padre era director artístico. A la edad de cinco años comencé a actuar en obras de teatro. Nunca he tenido miedo de actuar, aunque en todo lo que hago temo el ridículo.
Entré al mundo de los títeres bastante tarde, a la edad de treinta, con la ayuda de un titiritero ruso que emigró a Israel: Itzak Peker. Actué con él, luego con otros grupos de títeres de Israel. Inicié mi propia compańía de teatro, pero estaba más conectado con la construcción de títeres, máscaras, objetos, así que abrí un taller. Después de un breve periodo de tiempo, decenas de obras en Israel fueron realizadas con personajes hechos por mí. Durante dos ańos trabajé con el Ensamble de Danza Contemporánea de Kibutzurs. Fuimos juntos al Festival de Ópera de Viena.
Desarrollé mis propias técnicas de trabajo y al poco tiempo empecé a trabajar con hule espuma y látex. Comencé a enseńar las técnicas de elaboración con ellos y descubrí el fascinante mundo de los carnavales.
Cuando llegué a Francia, en Marsella, estaba listo, conocía muy bien mi materia. Me ubiqué fácilmente en el medio artístico de allí. Después de algunos ańos logré introducir las técnicas de trabajo con esos materiale sen varios carnavales del área. Por supuesto, tenía mi propio taller, hacía mis propias representaciones, muchas producciones de la región se beneficiaron con mis máscaras, títeres, personajes gigantes, vestuarios, objetos de gran dimensión. Trabajé mucho para las producciones de cabaret y decoré el restaurant-cabaret Circus, de Marsella, con personajes circenses. Me llamaban El Mago.
Así, mi conexión con el teatro de títeres fue hecha más a través de la construcción de títeres y menos desde la dirección. Tal vez es más interesante de este modo. La construcción de personajes, escenografías, vestuarios, el ser director de teatro, cine y televisión, pero también actor, me ayudó a tener una visión del fenómeno entero.
Esta visión de conjunto es la que le permite moverse en un entorno que cambia cada día y coloca sobre un fondo socialista la economía capitalista. Un paso peligroso.
─ Los teatros en Rumanía son financiados todavía, principalmente, por el Estado. En este momento el esfuerzo financiero es muy alto, pero no insostenible. Una vez que los salarios aumenten y se equiparen al estándard europeo, el esfuerzo será más grande y la mayoría de los teatros, siguiendo el ejemplo de occidente, tendrán que buscar sus recursos financieros en otro lado.
Esta es, probablemente, la razón por la que estoy en el Teatro de Marionetas de Arad (TMA). Hay una necesidad de un gerente que conozca un poco de sistemas financieros en el exterior, un capitalista que sepa cómo pelear por la institución en la que trabaja y por sus empleados. Desde el primer momento quise elevar los salarios y abrir el teatro hacia el resto del mundo.
En esta apertura, sin embargo, surge la pregunta ¿y las marionetas, qué harán las marionetas?
─ Hablando en general, hasta donde veo, en Rumania no existe siquiera el deseo de revivir la tradición del teatro de marionetas de hilos largos. Este será, junto con algunos otros teatros en el mundo, el único teatro del país que mantenga esta técnica.
Un teatro pequeño, fuerte. Indispensable. Con muchas mujeres.
─ Tenemos la cantidad exacta de gente necesaria para funcionar apropiadamente: treinta y dos empleados, con talleres, gerencia, contabilidad, entre los cuales hay doce actores-animadores. Por supuesto, hay más mujeres que hombres. Es el trabajo que atrae más a las mujeres. Y, después de todo, hacemos teatro para nińos.
Los nińos rumanos son como todos los nińos, ruidosos, alegres, seres cuya movilidad escandaliza a las educadoras del mundo entero. Los hemos visto llenar los asientos en funciones sucesivas. ¿Desde dónde ven el mundo? ¿Sabrán que en un futuro cercano serán consumidores de una oferta diferente?
─ Primero que nada, dada la actividad del TMA, he modificado el azimut. Para mí, un proyecto no significa traer un director que monte una obra y luego traer a los niños en autobús para que la vean. Un proyecto es: construir un puente para las representaciones con hilos largos, producir la obra para revivir la tradición, hacer un film o una serie de televisión después de la obra, vender la cinta, pagar a mi gente y, al final, traer a los nińos en autobús para que vean la representación.
Igual que en latinoamérica, donde los grupos somos obligados a optar por la conversión en microempresas culturales, en gestores de proyectos múltiples, en Rumanía deben elegir. Tal vez el apoyo que el estado todavía les brinda les permita hacerlo en mejores condiciones económicas, mediante una planificación más acuciosa, menos exigida por la necesidad impostergable de sobrevivir.
─ Desde mi punto de vista, como gerente, he tomado al teatro como una institución que funciona dentro del capitalismo y avanza hacia adelante. Trato de hacer coproducciones con teatros del exterior, de tomar parte en otros festivales, de hacer que mi personal gane más, de salir fuera del país. La ley lo permite, la gente lo acepta con dificultad, pero no tienen otra alternativa. Hay programas financieros, proyectos europeos. Personalmente, asumo el riesgo. Escribo proyectos, incluso sin tener el financiamiento total, con dos opciones: la afortunada (financieramente afortunada) y la menos afortunada. Hasta ahora ha salido bien. No hay ganancia sin riesgo.
El teatro tiene para producción 150 mil Lei (65 mil USD) del City Hall. He armado un equipo para elaborar proyectos financieros y de varias fuentes obtenemos casi 250 mil Lei (105 mil USD) más para el teatro. Mis actores se presentaron este ańo en París, Ljubljana, Avignon, sigue Noumea y probablemente muchos otros. En Avignon recibimos un impresionante número de invitaciones. Sin hablar del Festival Euromarionete que este ańo reunió a once grupos extranjeros.
Y hace sólo ocho meses que estoy aquí.
Las personas que quieren trabajar en el teatro, actores, productores, gerentes de proyectos, deben pensar como europeos, estar abiertos a cualquier nueva experiencia, ser capaces de llegar a cualquier rincón del mundo con su títere en la mano, y tener un espíritu de aventura.
La mayoría de los actores que tenemos poseen un grado académico. Los otros tienen la oportunidad de estudiar mientras trabajan. Cuatro de los doce actores son ahora estudiantes. Incluso aunque a menudo les resulta difícil o que afectan el calendario de ensayos, creo que lo más importante es su entrenamiento.
Un rasgo peculiar del TMA es que un director de teatro que gana premios, como Radu, no lo dirige aún en sus creaciones.
─ Personalmente, estoy más interesado en la parte mercantil de mi trabajo. Trabajo para atraer dinero, para hacer proyectos financieros y vender apropiadamente las producciones del teatro.
No estoy muy involucrado en el proceso de escoger textos. He iniciado algunos proyectos básicos, uno con la recuperación de representaciones con hilos largos y otro que he heredado de la administración anterior del teatro. Éste me parece extraordinario porque está relacionado con el teatro no convencional para nińos y realmente quiero continuar con esta tradición y traducirla a varios idiomas extranjeros. También me gustaría producir películas con marionetas.
El resto no es mi responsabilidad. Los directores eligen los autores de acuerdo a lo que piensan que sería adecuado. No tengo directores permanentes. Ellos trabajan dentro de los proyectos del teatro como freelancers. Trato de traer grupos del exterior y realizar coproducciones. De este modo puedo beneficiar también a la audiencia. Mi interés es presentar las obras mundialmente y abrir a mis actores hacia el resto del mundo
Como artista trabajo fuera del TMA. Este ańo he dirigido dos obras en dos teatros de Galati y Constanta y he realizado una película de animación en 3D donde soy guionista, director y líder del comité de animación.
El TMA produce varios festivales y lo hace bien. Digamos que una se siente cuidada, querida, protegida, tanto arriba del escenario como abajo. Puntuales, atentos a todas las necesidades. Hay un amor por su quehacer específico, una entrega hacia el teatro que una admira. Por ejemplo, cada vez que suben al escenario, sin importar cuántas lo hagan, todos tienen el cuidado de limpiar sus pies en un tapete. El café, el agua y el té están siempre listos. El baño está caliente y tiene toallas. Los camerinos son estrechos pero cómodos. Una pequeńa sala adjunta es acogedora.
─ Formamos ahora un equipo para organizar estos festivales. Trato de involucrarme menos cada vez. Tengo un equipo que sabe qué cosas deben hacerse. En el 2008 empezaremos un nuevo festival basado en producciones con hilos cortos, medios y largos llamado Festival de Cuentos con Marionetas. Esta será la primera edición y el festival alternara con el festival Euromarionete. Es un festival para la gente de Arad. El Festival Underground, donde soy coproductor es también significativo para Arad. Tratamos de traer buenas producciones, del gusto del público, Nada nos hace más felices que que encontrar, al final de las representaciones, gente que nos agradece nuestras elecciones.
Rumanía es, desde enero pasado, parte de la Unión Europea. En este pasaje peligroso, ¿por cuál teatro se decidirá en Arad? ¿Se orientarán hacia uno light donde la tecnología sea todo, irán hacia lo postdramático?
─ Siempre he colocado a la representación en el centro. Las representaciones son ante todo para aquellos que las observan. No para quienes son pagados para producirlas. Si la representación es muy difícil, si corresponde sólo a las expectativas de cierto director, será una representación para nadie. En Rumanía, como en cualquier parte de Europa, hay diferentes formas de creación, representaciones de todo tipo. Avignon es un lugar donde anualmente todas las culturas y formas del teatro se encuentran reunidas. Junto con la integración en la Unión Europea hemos ganado una mayor movilidad, que no teníamos en el pasado. Espero seremos capaces de beneficiarnos de ella. Tendremos que hacer representaciones rumanas que hablen para los otros, donde todas las naciones puedan reconocerse a sí mismas. Este ańo en Cannes una película rumana que supo cómo hacerlo recibió el primer premio. Mi puesta en escena Himnus representada en Galati recibió el gran premio en Avignon Off porque llenó las mismas expectativas. Si sabemos cómo permanecer rumanos, golpeando las puertas de la universalidad sin caer en la trampa de imitar las soluciones teatrales que están relacionadas con los modelos occidentales, ganaremos la batalla por nosotros mismos.
El futuro, ese signo de interrogación que pende siempre frente a nuestras vidas, ¿traerá nuevos aires para el teatro de marionetas rumano? ¿Permitirá que volvamos a vernos los que ahora hemos compartido el espacio cibernético y el espacio teatral?
─ Hacemos nuestro propio futuro, si no está hecho ya para nosotros y si no estamos al final de los hilos. Trato de creer que si queremos alcanzar bellas e importantes metas lo podemos hacer. En este mundo, de artistas, hay muchas almas hermosas, muchas gente loca con gracia sagrada, muchos naďves que quieren aprender y luego mostrar a los otros lo que saben. De otra manera esta ocupación humana habría muerto hace mucho tiempo. En tanto la gente quiera vivir estéticamente, trataré de hallar los medios financieros para cumplir sus sueños, aunque, ¿tendré el futuro suficiente para hacerlo?
Una espera que sí. Que quede algún futuro para Radu, Alina, el TMA, nosotros los latinoamericanos trashumantes, la gente loca de este teatro que con sus actores y marionetas sigue recorriendo el mundo como un fantasma, más vivo que nunca, más intenso y, sin embargo, frágil, efímero… apenas hilos en la mano de un gigante…
Huitzilac-Arad, septiembre del 2007
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