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Estos apuntes sobre los títeres en la antigua Grecia, además de Egipto y Roma han sido traducidos del italiano de la colección en fascículos titulada ‘Gran Teatro del Burattini. La magia del teatro d’animazione‘, publicada por Ediciones del Prado, con dirección artística de Eugenio Monti Colla y de la que yo fui Consultor Técnico.

“No debería resultar extraño que al hablar de marionetas y títeres tengan que analizarse, a la vez, el mundo de los niños y el de los adultos. El teatro de títeres es un tipo de espectáculo que desde sus más remotos orígenes siempre ha divertido y fascinado, aunque de modo diferente, a grandes y pequeños; quizás porque a ambos se les pide que se dejen llevar por la libertad fantástica que sonidos, luces, colores y movimiento despiertan en ellos”.

“Las primeras noticias que se tienen de ‘objetos’ animados en el mundo antiguo se remontan a la civilización egipcia. El historiador Heródoto nos habla de ello cuando afirma haber asistido a una ceremonia, con ocasión de los ritos propiciatorios para la crecida del Nilo que aseguraba fertilidad a los campos, durante la cual la estatua de Osiris movía la cabeza y los brazos mientras una voz que procedía del interior de la imagen invitada a los fieles a postrarse en oración. Alrededor, a la luz de braseros encendidos, se alzaban volutas de incienso perfumado que contribuían a crear una atmósfera muy sugerente. Es cierto que no se trataba de un espectáculo tal y como lo entendemos hoy, pero sin duda es un fenómeno sorprendente que nos permite afirmar que los antepasados de marionetas y títeres eran los protagonistas de un rito religioso, al igual que el sacerdote que encerrado en el interior del ídolo movía con algunas cuerdas los brazos del dios y hablaba por medio de él al pueblo.

Según otro famoso experto de usos y costumbres, Diodoro Sículo, la estatua de Júpiter Amón, llevada en procesión por ochenta sacerdotes, indicaba con el movimiento de la cabeza qué dirección debía tomar el cortejo. La estatua de Apolo, en el templo de Heliópolis, en el momento del oráculo movía las piernas y los brazos suscitando gran temor entre los asistentes.

Muchos ilustres historiadores describen momentos rituales en templos y procesiones de egipcios, griegos y romanos durante los cuales estatuas e ídolos adquirían vida de repente, generando entre los ‘espectadores’ emoción, maravilla, estupor y miedo. Las imágenes de Creta y Rodas, las divinidades de los etruscos o las estatuas de Preneste han pasado a la historia, y no sólo a la de marionetas y títeres, por los complicados mecanismos gracias a los cuales se movían durante las ceremonias sagradas. Y de todo ello han llegado hasta nosotros referencias a partir de numerosas fuentes.

Además, tenemos abundantes testimonios de que entre las paredes domésticas, en las mismas civilizaciones antiguas, se usaban pequeñas figuras esculpidas en madera o marfil realizadas con pericia y elegancia, de brazos articulados y móviles, para divertir durante los banquetes a los comensales con bailes, pantomimas y composiciones poéticas; en suma, un auténtico repertorio teatral.

Las mismas figuritas se ponían en manos de los niños para que se divirtiesen creando pequeños espectáculos con canto, música e interpretación. Los hallazgos en muchas tumbas han sacado a la luz un número increíble de estatuillas que reproducen seres humanos y animales con articulaciones de piernas y brazos muy evidentes, con gancho para hilos en la cabeza y las manos; y todo ello puede encontrarse tanto en Egipto como en Grecia, en la Roma en la que se veneraban muchos dioses o en las catacumbas de la Roma en las que triunfaba el Cristianismo, incluso en las tumbas de ilustres personajes del mundo ‘bárbaro’.

Además de divertir a niños y adultos en las casas, las marionetas se utilizaban también en los espectáculos públicos. De hecho, en las plazas de las más grandes ciudades de Grecia surgían numerosos teatrillos para divertir al pueblo que acudía en gran número a la llamada de los pregoneros.

Y fue tal la predilección por este tipo de teatro que los arcontes, gobernantes de Atenas, concedieron a un marionetista de gran fama que presentara a sus actores de madera nada menos que en el Teatro de Baco, lugar que de manera habitual acogía las tragedias de un gran autor como Eurípides.

También en Roma el espectáculo de las figuras animadas era muy seguido ya fuese por personajes ilustres como por el pueblo, hasta tal punto que los poetas, escritores y filósofos de diferentes épocas hablan en sus escritos de este género teatral y, en especial, de la fascinación y admiración que la marioneta suscita en los espectadores. Son personajes como el historiador Livio, los poetas Horacio, Persio, Juvenal, Ovidio o el escritor Petronio, los mismos autores que se estudian y traducen en las escuelas y universidades. Incluso el emperador Marco Aurelio, gran pensador y filósofo, hace continua referencia en sus escritos a las marionetas, signo evidente de que el éxito de este lenguaje había llegado hasta la residencia imperial.

Las tramas que los títeres presentaban eran parodias de tragedias y comedias de autores célebres, sátiras sobre acontecimientos sociales y políticos que enriquecían la vida de todos los días, conocidos por tanto por todos los espectadores. Los protagonistas eran sirvientes necios, sirvientes listos, hermosas doncellas indefensas, sirvientas astutas, viejos avaros y jóvenes enamorados, capitanes fanfarrones, tipos que encontraremos siempre en la historia del teatro, tanto en el oficial como en el de marionetas y títeres”.


Publicado el Lunes 17 de septiembre de 2007