El actor se expone y más aún, el titiritero
Versión para imprimir 
El mejor titiritero
el más borrego
Hoy contaremos algo que parte de una situación vivida por mí hace ya algún tiempo. Fué un día en el que pedí a un realizador más consideración, cuidado y valoración para los titiriteros porque “el actor -y mucho más un titiritero- se expone, su trabajo es emocional, grupal y técnico”. Pues contestó así: “Yo también me expongo”, frase ofensiva e inadecuada donde las haya, que muestra además la inexperiencia de dicho realizador y su ignorancia sobre el arte y, más concretamente, sobre el arte de la marioneta.
Y es que hay quien se siente ofendido ante este tipo de afirmaciones, sobre todo aquéllos que no tienen ni idea de qué es y cómo funciona el medio artístico; algunos sienten envidia de las personas creativas que no soñaron un futuro como el de ellos, un futuro de sofá, tele, coche, vacaciones, familia, pagas extras, pensión y jubilación anticipada. Son personas que no saben implicarse en un proyecto creativo, cosa que es inevitable para un titiritero, por poner un ejemplo. He visto realizadores de televisión que sienten que los artistas compiten con ellos en protagonismo. He podido comprobar cómo la gente “normal” tiene miedo de la creatividad del artista igual que éste tiene miedo a no poder hacer bien su trabajo, a no tener los medios y la consideración necesaria.
Así mismo, las personas que no quieren iniciar un proceso de creación y colaboración (que es de lo que se trata) siempre dicen lo mismo: ¡necesitamos propuestas! Pero al trabajo titiritero le sobran propuestas, es un oficio que te curte contra el que va buscando recetas de algo que además no comprende. Por eso hay directores, realizadores o maestros de escuela que intentan que el artista no tenga la oportunidad de desarrollarse, porque lo que puede surgir de ahí se les escapa de las manos, no saben cómo utilizarlo. Existe un momento en el que el actor debe volar, por encima de la puesta en escena y por encima de las indicaciones técnicas de tal o cuál advenedizo de la industria del teatro o la televisión.
El actor debe traspasarse a sí mismo para traspasar la pantalla o la cuarta pared, según el caso. Debe traspasar sus miedos, sus vergüenzas, su sentido al ridículo. El atrevimiento de un actor es mayor que el de un utillero o el de un operador de cámara, por eso ha de tener cierta libertad en su trabajo. Pero normalmente no es así, el miedo de los demás ante la naturaleza del trabajo interpretativo hace que todo el mundo opine, cualquiera sabe de interpretación porque nadie quiere llegar hasta el final de los procesos artísticos.
En televisión lo normal es tener una idea preconcebida y superficial de estas cosas y -en el caso de que existan- casi nunca se cuenta con los especialistas, a los que se trata de “aborregar” con conceptos planos. Y si algunos se implican de verdad, ponen en evidencia al resto y acaban por ser considerados conflictivos cuando, en realidad, ellos son a los que más importa el proyecto en cuestión y los que más aportan a la línea de contenidos de tal o cuál propuesta.
El desprecio a los cómicos es patente, de modo que muchas veces tienen que renunciar a defender la propia naturaleza de su arte. En la feria de las vanidades nadie se expone. Y el actor no está hecho para ocultarse sino para exponerse; o vegetar y perecer si contrae a su vez la enfermedad del miedo o el conformismo.
El actor es el heredero del brujo de la tribu, cuando aparece es siempre el centro de atención y eso le busca constantemente enemigos. Todo depende de él y por eso, en muchos lugares se trata de bloquear o ningunear su labor, controlándola y haciéndola ineficaz, aburrida, así el mérito nunca será de ellos.
La historia misma que se cuenta depende del actor, una historia escrita en un guión no es más que eso, una historia escrita en un guión; defendida por un actor es algo más, algo que a muchos autores también fastidia, porque el autor tampoco se expone, en el mejor de los casos cuenta algo de los demás o de sí mismo; o bien se esconde o se delata. Por eso, los autores envidian también a los actores. Ellos no cuentan con el arma poderosa de la improvisación: Quod scripsi, scripsi*.
Para terminar dejo dos citas de Adelaida Mangani del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín:
El títere es un instrumento expresivo que a uno le permite sacar de adentro todo lo que uno quiera sin límites. Es muy liberador, mucho más que la actuación que a uno lo encorseta en un personaje”
…quien entra en contacto con el lenguaje del títere ya no puede desligarse de él”
Será por eso que hay quien está dispuesto a cercenar las verdaderas posibilidades de este arte, por miedo a engancharse a algo que en realidad le está vedado entender. Y quien no lo entiende piensa, como mecanismo de defensa, que el trabajo del titiritero es una cosa facilona; algo mucho menos complicado, por ejemplo, que realizar, ambientar o guionizar.
*En latín, “lo escrito, escrito está”
Un comentario en “El actor se expone y más aún, el titiritero”
[…] Olvidos* […]


para el dia 25: La voz orgánica del títere en cine o televisión (sin terminar) - Titerenet teatro de títeres y marionetas
23 de Julio de 2007 a las 9:27