“Títere”, el vocablo desquiciado
Versión para imprimir Miércoles 23 de Mayo de 2007 (Actualidad Varios) por José A. Triguero.

Foto: El cántabro perplejo
Añadimos más usos peyorativos de la palabra títere. En este caso, haremos un comentario desquiciado sobre el uso desquiciado de esta palabreja, títere o marioneta, que tanto gustan de sacar de la chistera los magos de la demagogia fácil. Atrasada, ignorante y zafia, la lista de expresiones malsonantes, sigue llenando el saco de las cosas vacías.
Se dice a menudo, en determinados medios, que
“…es un gobierno títere que apoya a un gobernante títere”
Me parece un sin sentido además de un ripio trasnochado. Si se usa la palabra títere como algo o alguien que no tiene voluntad y que es “manipulado” por otro, aquél no puede apoyar a nadie y menos a otro títere; a no ser que esté también, manipulado por otro. Y, en éste caso, ese “otro” manipularía a los dos, al gobierno y al gobernante. Claro que por otro lado ¿el gobernante no es parte del gobierno?
Si quisiéramos trasladar este “sinsentido” al arte de los títeres, tendríamos un títere manipulado por otro títere del que, a su vez, formaría parte. Y éste, sería manipulado por un actor; es decir, por una persona viva. Resulta de ésto, una exquisita disociación, tanto en el plano técnico como en el semiótico. Y a nivel creativo sitúa varios planos en uno solo, el titiritero transfiere vida a un personaje que a su vez “la transfiere” a otro.
La simple palabra
“marioneta”
alude con mucha frecuencia a la existencia de un poder absoluto; poder que puede reinar en un entorno familiar o en los núcleos de concentración geopolítica y financiera a nivel mundial. Los grupos de poder necesitan
“títeres y marionetas obedientes”
(se ha de suponer entonces la existencia de títeres rebeldes) Pero el más perfecto de todas las figuras es el
“…autómata programado por las altas esferas del país”,
Él, con dignidad primigenia, repite mecánicamente su fatum, que no es otro que seguir moviéndose.
Claro, hay que darle cuerda en lugar de manipularlo con peanas o varillas o quizás, sutiles hilos invisibles.
Encontramos también que los títeres, aún manipulados, pueden demostrar una cierta voluntad: Algunos
“no van a querer ser utilizados como marionetas”
Y tambien,
“…los complices y auténticas marionetas que no son capaces de rebelarse a Manolo, son mas culpables que él”
Ésta frase es buenísima y me niego a comentarla demasiado. Supongamos que entendemos por Manolo a cualquier titiritero. Bien, pues Manolo no es más culpable que el propio títere que se deja manipular por él. ¿Quién manipula a quién?…
Los redactores de algunos medios deberían tener más cuidado. A fuerza de utilizar títere como metáfora vejatoria e insulto, se meten sin saberlo en terrenos farragosos para los licenciados o no del periodismo, sobre todo político. Y los políticos, pues hombre, que no confundan a la gente, si sirve de algo que lo diga.
Que no repitan lo que ya sabemos, que las verdaderas fichas del ajedrez (que me perdonen los ajedrecistas) son ellos. Ellos son los cómplices, las auténticas figurillas de cartón piedra. Ellos son los que no son capaces de rebelarse a Manolo. Son tan fantoches que alguno habrá que ni siquiera conozca a Manolo, que incluso se crea libre para decidir sin que el tal Manolo lo sepa.
¡Dejen en paz el arte de los títeres y también a los titiriteros, dejen en paz a los gitanos, dejen en paz a los judíos, y a los perros, dejen en paz a los moros, dejen en paz la metafísica y traten mejor el lenguaje, que por algo se empieza! ¡Ah, y dejen descansar a Manolo, que se le cansa el brazo!
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