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Foto: Andy Ramdin

Uno de los temas que me ocupan de manera habitual es la relación entre el teatro y la comunicación oral y visual. Por esa razón me he interesado el trabajo de Rosa Iniesta Masmano del Conservatorio de Música “Mariano Pérez Sánchez” de Requena (Valencia), titulado ‘Música y literatura: el sonido de la palabra’. Y sobre todo, en el capítulo dedicado a la comunicación oral

La recepción de la información transmitida oralmente depende en gran parte del modo en que esa transmisión se realice. Las reglas de la comunicación configuran los diferentes tipos de interrelaciones, los diferentes tipos de actos comunicativos, las diferentes instancias comunicativas, el contenido y la forma de los comunicados. Estudiar la comunicación oral implica un análisis del contenido y también las diferentes reglas que rigen el decir. La comunicación oral no se reduce a un contenido de información, ni a un conjunto de palabras o signos verbales. Se nutre de otros signos paralingüísticos como los tonos de las voces, su volumen o las pausas. Por otro lado, el lenguaje verbal siempre está ligado al lenguaje corporal; los gestos y las miradas también participan, así como la presencia directa de los interlocutores. Es, por tanto, una interacción que implica todos los sentidos.

Paul Zumthor pone énfasis en el carácter sensorial de la cultura oral y la “omnipresencia del cuerpo”. Por esa razón, introduce los términos de vocalidad y comunicación vocal por parecerle mucho más concretos que los de oralidad y comunicación oral. La vocalidad es la historicidad de una voz, su empleo: Una larga tradición de pensamiento considera y valora la voz en cuanto a que produce el lenguaje, en cuanto a que en ella y por ella se articulan las sonoridades significantes. Sin embargo, lo que más nos debe ocupar es la amplia función de la voz, cuya palabra constituye la manifestación más evidente, pero no es ni la única, ni la más vital, es decir, el ejercicio de un poder psicológico, su capacidad de producir la fonía y de organizar su sustancia (Zumthor, 1987: 21). El habla posee un carácter dramático o seudodramático; la palabra hablada también es gesticulada, dramatizada y además, de formas distintas según el contexto donde se produzca la comunicación.


Publicado el Jueves 8 de marzo de 2007

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