El público del teatro de tÃteres
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Este artÃculo escrito por MartÃn y publicado en Mil Vidas No. 5 Lima Perú, Diciembre de 2006, y del que nos dice el autor: “fue hecho para lectores peruanos, según nuestra realidad en que se cree mayoritariamente que los tÃteres son un espectáculo sólo para niños”.
Sin embargo, hemos creÃdo interesante publicarlo también en estas páginas sobre tÃteres porque pensamos que la creencia de que las marionetas son sólo para niños no es exclusiva del público peruano.
“¿El público del teatro de tÃteres? …Obvio…¡los niños!, he aquà otra de las ideas equivocadas que debemos erradicar, una más…”.
He de confesar que yo mismo tenÃa esta idea aún en mis inicios de titiritero, entonces ya mayor y sumido en la ignorancia me avergonzaba de ir a ver TÃteres por sólo querer hacerlo y para evitar la incómoda posición de ser el grandote viendo muñequitos buscaba al niño del barrio que no tuviera que hacer para llevarlo al Teatro y asà pasar yo desapercibido, pues en una función de TÃteres el adulto lleva al niño pero un adulto sólo ¿qué hace allÃ????.
Afortunadamente en los últimos años la labor de algunos grupos locales que orientan su trabajo hacia los adultos empieza a crear una nueva imagen al respecto, sin embargo los TÃteres para adultos no inician aquÃ, vienen de muy atrás, cientos, miles de años, cuando los TÃteres empiezan a materializarse en las manos del hombre. En sus orÃgenes los TÃteres no eran precisamente un espectáculo para niños, todo lo contrario, estaban vinculados a la tradición mágico ritual religiosa de los pueblos, trataban temas trascendentales, explicaciones del mundo, historias sagradas, lecciones morales que no sólo por los contenidos sino también por las formas cautivaban a sus espectadores; imaginemos al hombre de hace cientos de años que desconoce y ni en sus sueños más descabellados podrÃa imaginar la existencia del cine, la televisión, las computadoras, la radio, la imprenta; ese hombre inocente, de mirada limpia aun, capaz de ver lo maravilloso de un atardecer, de la lluvia, de el vuelo de las aves o el germinar de las plantas, imaginemos la impresión que causarÃa en él un objeto que se mueve, que habla, que cobra vida y muere ante sus ojos…
Pero no sólo se ocuparon de asuntos sagrados, pasaron también a los mundanos y transgresores, surgieron corrientes populares que se apropiaron de los TÃteres y que con total legitimidad los hicieron portavoces de la visión del mundo de la gente común, de sus sentires, amores, miedos, dolores y rabias convirtiéndolos en personajes rebeldes, inconformes, discrepantes frontales y por tanto incómodos cuestionadores del status quo, del orden que oprime y reprime… cosechando mala fama, ganándose repudio, expulsión, cárcel, persecución y asà como algunos moraban en los templos, otros se abrieron a cachiporrazos un espacio en las calles, en los márgenes de la sociedad, haciendo del humor y la sátira sus principales armas echando mano de la violencia fÃsica y verbal en escena, la groserÃa, lo grotesco, el sexo y cuanto recurso les fuera útil para burlarse, para desafiar, para cuestionar aquello de lo que hay que burlarse, a lo que hay que cuestionar y desafiar…
“ En el antiguo Ceilán (Sri Lanka) el héroe popular se llamaba Ranguin, cuyo particular carácter se habÃa ido forjando a través de las sucesivas colonizaciones por la India, Portugal e Inglaterra…En una descripción fragmentaria hecha por un tal Mr. Jacliot y recogida por Jacques Chesnais en su “Histoire Generale des Marionettesâ€?, el tal Jacliot relata lo siguiente, “este peculiar personaje –refiriéndose a Ranguin- es la representación en la tierra de todos los pecados y defectos imaginables. Es promiscuo, irreverente e irrespetuoso con las autoridades y con las buenas costumbres europeas (lease de los invasores).
Tras un prólogo en el que este personaje declaraba que cada uno está en éste mundo para divertirse a su manera y que para él no habÃa nada como los placeres del amor y que no conocÃa nada mejor que poseer a las mujeres ya sea por seducción o por la fuerza, comenzaba la representación propiamente dicha. Una joven y bella institutriz inglesa tocada con una pamela verde, pasea plácidamente por la campiña. Ranguin la aborda, ella se resiste a sus devaneos y entonces el lascivo pÃcaro la viola. A continuación llega la discÃpula buscando a su maestra y corre la misma suerte. Lo mismo ocurre con su madre que entra en escena llamando a gritos a su hija y cae vÃctima de Ranguin. Por fin aparece el padre, un viejo Lord de aire respetable y largas patillas, preocupado por la suerte de su familia, Ranguin se arroja sobre él y…en ese momento- dice Jacliot- me marchéâ€?. Aunque nosotros nos imaginamos lo que sucedióâ€?. (1)
Cientos de años titiriteros condujeron asà su arte pudiendo caer también en excesos, con diferente aceptación según sea la cultura en la que discurran, en occidente ganaron fama de aventureros indeseables llegando inclusive a emitirse disposiciones legales que prohibÃan sus representaciones y su ingreso a los pueblos:
“No ver en los Titiriteros sino a infelices que mendigan pan, pero a los cuales, por ley de buena administración, es necesario alejarlos� (2)
No podemos imaginar que con semejante reputación fueran los artistas de los niños.
Pero los TÃteres inquietos como son no se conformaron con apropiarse de templos y calles, tomaron también los cafés y teatros, espacios de intelectuales y artistas de renombre que embelesados sucumbieron ante su magia. Sin lÃmites en su travesÃa se infiltraron también en palacios y casas de nobles señores; y en todos estos lados no estaban destinados necesariamente a los niños.
Y ¿por qué pensar entonces que con cientos de años de historia los TÃteres habrÃan nacido sólo para los niños? , menos aún dadas las condiciones en las que han sido ubicados en la sociedad, veamos nada más a los niños de hoy tan desatendidos en sus necesidades básicas y peor si se trata del arte y la cultura, una necesidad también básica pero relegada al último plano o ignorada totalmente; ahora veamos al niño del pasado cuando ni siquiera era considerado como categorÃa social, no más que un adulto en pequeño y por tanto no merecedor de producción cultural orientada hacia él según sus caracterÃsticas particulares, entonces casi no se hacÃa tÃteres para niños como tampoco se les asignaba un lugar en las otras artes, es recién en los últimos siglos que se empieza a dar el lugar que se merecen los niños y desde luego que se convierten en predilectos espectadores de los TÃteres cobrando mucha fuerza y surgiendo compañÃas que se dedican exclusivamente hacia el pequeño público que complacido permite que los tÃteres ingresen además a otros espacios que le son propios como la escuela, un campo muy propicio para germinar y florecer.
Mientras sucede esto los adultos de algunos lugares, van siendo ganados por otras formas de esparcimiento audiovisual, sus ojos ya no tan limpios, ya gastados, ya cansados, no son capaces de ver lo que antes podÃan y se alejan de los TÃteres, contribuye a ello las terribles condiciones con que se cuenta para la práctica del arte que llevan a los titiriteros a menguar en cantidad y en producción, la escasez de público hace escasear a los titiriteros y la escasez de los titiriteros hace escasear al público, entrando en un cÃrculo vicioso que hoy aquà vivimos y sufrimos; ahora, esto no ha sido asà en todo el mundo, hay paÃses en donde se conserva vigorosa la tradición y el público adulto consume y disfruta de los TÃteres.
En nuestro paÃs se ha hecho TÃteres para adultos hace mucho tiempo, las compañÃas extranjeras que antaño nos visitaban en épicas giras traÃan espectáculos para adultos o para ser disfrutados por todo público, nuestros titiriteros históricos Ño Valdivieso y Amadeo de La Torre tenÃan en la sátira social y polÃtica su principal accionar; los titiriteros de las fiestas patronales, ya desaparecidos, recreaban danzas y costumbres del gusto de toda la concurrencia, los aun vigentes Kusi Kusi y Felipe Rivas Mendo tampoco descuidaron a los adultos, los primeros montaron “El sueño del Pongoâ€? basada en el cuento de José MarÃa Arguedas y el segundo hizoâ€?La caperucita roja roja rojaâ€? roja por su vestimenta, roja por su orientación polÃtica y roja por su erotismo, y a inicios de este año el mismo Felipe dirigió “Pantaleón y las visitadorasâ€? en una versión para TÃteres de la nada infantil novela de Mario Vargas Llosa, por citar algunas experiencias de éste corte que definitivamente no han sido las únicas. Mención aparte merece el trabajo de “Concolorcorvoâ€?, “Infinito por cientoâ€? y más recientemente “Pepito Ronâ€? que en los últimos años mantienen actividad constante para público adulto, teniendo como punto cumbre de esta reciente y auspiciosa etapa de los TÃteres peruanos la I Bienal Internacional de TÃteres para Adultos, se ha abierto un camino muy importante gracias a la continuidad de estos tres grupos que han ganado (reabierto?) esta escena.
Desterrada la idea de que los TÃteres no son para adultos ahora pasemos a los niños con quienes la conexión es inmediata, no hay que decirles que son para ellos, simplemente los toman, hay una “quÃmica espontáneaâ€?, tienen tanto en común que ¿cómo no llevarse bien?, esa estrecha relación ha llevado, particularmente en el últimos siglo, a una gran oferta hacia éste sector de la población que muchas veces es menospreciado, maltratado, ofendido en su sensibilidad, intelecto y buen gusto con trabajos de bajo nivel estético, con pobrÃsimo contenido y con un tratamiento tan soso que en verdad ofende, va el ejemplo de los llamados “Shows Infantilesâ€? que lamentablemente son de difusión masiva y por tanto esa es la imagen que mayoritariamente se maneja de los TÃteres: un espectáculo improvisado, de mala calidad, de mal gusto… cuando en realidad los niños no son ese público fácil que algunos creen, son muy exigentes y merecen el mayor cuidado y respeto como algunas vez me dijera VÃctor Vesga (“Granito Cafecitoâ€?) “para que una obra para niños les guste primero debe gustarle a los adultosâ€?, lo cual nos lleva a lo que sostiene Gastón Aramayo (“Kusi Kusiâ€?) cuando dice que Kusi Kusi no hace espectáculos para niños sino para toda la familia; pues un espectáculo en el que se manejen temas dirigidos hacia los niños puede y debe ser disfrutado por el público adulto, la belleza es belleza para cualquier edad, el entretenimiento hecho de manera inteligente llega a quien esté enfrente; ahora, esto no debe llevarnos a ignorar las peculiaridades de cada edad, el proceso evolutivo del niño que debe darnos pautas para plantear el trabajo si queremos dirigirlo especÃficamente a un rango de edad, asà hay obras que pueden ser mejor recibidas y procesadas a partir de una determinada edad pero ello no nos lleva a necesariamente poner un lÃmite superior de edad.
El problema está en la imagen de los TÃteres como espectáculo infantil, lo cual causa un aparente desinterés y/o rechazo en adultos y más aún es adolescentes y jóvenes, Mané Bernardo hace la siguiente reflexión:
“Entre nosotros que no tenemos tradición titiritera, el adulto se resiste a ver espectáculos de TÃteres, pero utiliza al niño como pretexto para asistir a ellos. La proporción es de tres mayores por un niño en cada espectáculoâ€?.
En nuestro medio sucede algo semejante, hay más adultos que niños en las funciones para todo público, no se si sea por lo que sostiene Mané pero si se comprueba que cuando esos adultos se ubican en el espectáculo lo disfrutan abiertamente y algunas veces vuelven inclusive sin niños…
El titiritero no hace teatro de tÃteres para sà mismo, lo hace para compartirlo con los demás, es en su confrontación con el público que recién se completa el espectáculo, es un acto de comunicación que necesita un receptor, sin él es trunco; allà enfrente está la otra mitad del espectáculo (sin la cual éste no puede existir) es una relación de intercambio, de reciprocidad, donde ambos dan y reciben, no se mal entienda esto con la terrible necesidad de algunos de azuzar al público tras su participación verbal, eso que se da y recibe es mucho más que palabras, es un intercambio de sueños, de ganas, de emociones y sentimientos, de energÃa vital, simbiosis como la llaman en la naturaleza, asà de estrecha y más aún indisoluble es la relación entre el titiritero, los tÃteres y el público, implica complicidad para perpetrar aquel robo sagrado de la capacidad de crear vida en ese pequeño mundo también creado, este mágico ritual en el que participan titiriteros, TÃteres y público amparados por misteriosas fuerzas cósmicas, todos ellos son parte de esa maravillosa unidad que es el Teatro de TÃteres…
Y para cerrar los dejo con una frase de Johann Wolfgang Von Goethe
“Los TÃteres gustan a los niños y a las personas inteligentesâ€?…
Vayan todos a ver Teatro de TÃteres, hay una opción para cada uno y muchas para todos…
martÃn
(1) César Omar GarcÃa JulÃa en Documenta TÃteres Número 1
(2) Antiguo derecho administrativo español.
Aparecido en “Mil Vidas” No. 5 Lima Perú, Diciembre de 2006
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