¿Cómo y cuándo nacen los tÃteres?
Versión para imprimir Sábado 6 de Enero de 2007 (Historia de los tÃteres) por José Luis.
La mayorÃa de los textos que se refieren a la historia del arte dramático en general o de los tÃteres en particular, caen en los mismos lugares comunes y definiciones gastadas. Muy pocas veces encontramos preguntas nuevas con respuestas diferentes…
Asà comienza Sergio Herskovits su introducción a su ensayo ‘¿Cómo y cuándo nacen los tÃteres?’, que ha tenido la amabilidad de enviarnos para que publiquemos en estas páginas digitales dedicadas al teatro de tÃteres, al teatro de marionetas, a los tÃteres, y también a las marionetas.
La idea de este texto y los capÃtulos que lo prosiguen, es formular preguntas distintas a los mismos temas, a la vez de tratar de encontrar a esas interrogantes respuestas diferentes -que aunque no definitivas- al menos sean una alternativa para que el lector reflexione, o simplemente para ser debatidas o rebatidas.
La historia de los tÃteres en Chile es casi igual a la de nuestros vecinos latinoamericanos, pero tiene anécdotas que la hacen particularmente diferente. En estos tiempos de globalización en que “lo generalâ€? arrasa con “lo particularâ€? y que los pueblos pierden lo maravilloso de su particularidad, al encararse con lo grosero de lo global, pareciera una tontera razonar sobre esas singularidades que nos hacen “apenasâ€? diferentes unos de otros, pero que esas mÃnimas variantes son las que justamente nos unen. Diferencias que nos igualan mucho más que una uniformidad que nos puede hacer horriblemente parecidos.
De cualquier modo, lo que presento a continuación no se trata de un análisis exhaustivo y definitivo de lo que son los muñecos, de la historia de los tÃteres, ni mucho menos de lo que significan y significarán en el futuro, pero sà es una tentativa de entregar un material que a lo largo de mucho tiempo he recopilado con esfuerzo y dedicación.
En todo caso no es una entrega gratuita.
Junto al material van algunas especulaciones personales que -equivocadas o no- nacen de las reflexiones originadas por el material encontrado.
En la mayorÃa de los textos especializados en la historia de los tÃteres, encontramos lugares geográficos definidos y fechas precisas, aunque a veces disÃmiles y contradictorios entre un autor y otro. Es que el arte en general no tiene fechas, tiempos o lugares determinados. Menos los tÃteres que desde siempre han sido un arte popular que los medios oficiales y tradicional no registraron o no quisieron registrar. Primero: porque el rasgo que mejor caracteriza a los titiriteros es la capacidad para la improvisación oral en desmedro de la dramatización escrita; en segundo término, por que siempre fueron disidentes a lo oficial y establecido, y por último; a causa de la precariedad en los materiales con que se confeccionaban (y se confeccionan) los muñecos. DifÃcilmente su trascendencia se prolongará más allá del perÃodo necesario que requiere el titiritero para contar el cuento que protagoniza el personaje.
Adivinar el momento en que nacen los tÃteres es tan difÃcil e inútil como responder en que momento y en qué lugar nace la música o la pintura. Toda expresión artÃstica es inherente al ser humano. Se manifiesta espontáneamente y se va desarrollando inexorablemente con el transcurso de los años… o de los siglos para ser mas exactos. Es inútil buscar en la historia al primer actor, al primer pintor, escultor, bailarÃn o músico. Sólo las leyendas pueden dar respuesta a estas interrogantes, pero no dejan de ser leyendas. Y si lográramos descubrir al primer artista o al primer titiritero de la humanidad ¿Para qué nos servirÃa? ¿Y para que le servirÃa al primer titiritero que lo descubriéramos?
Podemos responder con meridiana precisión cuando se inicia el cine, la música grabada o la televisión, incluso se puede precisar el inicio de la literatura escrita si nos referimos a su génesis desde la invención de la escritura, pero buscar la cuna de las representaciones dramáticas es inútil e infructuoso, pues su desarrollo es tan lento como la historia misma del ser humano
Fácil es comprender que la música se inicia cuando el hombre imita los ruidos que escuchaba a su alrededor y los reproduce y la pintura comienza cuando los cavernÃcolas tiñen los muros de las cavernas para representar escenas de cacerÃa. Por supuesto que los resultados de ambas manifestaciones están lejanas de lo que ahora conocemos como arte pictórico o conciertos de música, pero es innegable al menos que en las cavernas es donde el hombre primitivo se inicia como artista.
Tal vez la mejor respuesta a cómo se inician las diversas manifestaciones artÃsticas la dio Platón en el conocido Mito de las Cavernas cuando nos relata:… “el hombre descubrió su sombra al interponer su cuerpo entre el resplandor del fuego y las paredes de las cavernas donde habitaba. Para él fue como un acto de magia; su sombra se movÃa si él se movÃa, alzaba los brazos si él los alzaba, danzaba si él danzaba y se quedaba quieto si él lo hacÃaâ€? . Entonces el hombre de las cavernas comenzó a jugar y a expresarse con su sombra y es allà donde nace el teatro, la danza y los tÃteres de sombra, la magia, la imaginación, los sueños y la fantasÃa.
Ahora, pretender encontrar esa cueva, es imposible
Para determinar cuando se inician las representaciones con tÃteres, también es necesario remitirse a la prehistoria del hombre. Cuando la necesidad de representar a los dioses, el temor a lo desconocido y la superstición, o simplemente el anhelo de diversión, llevan a las distintas culturas a inventar figurillas representativas que al ser manipuladas, adquieren un carácter propio.
Las estanterÃas de los museos del mundo están llenas de figuras antropomorfas o zoomorfas, construidas con distintos materiales: terracota, piedra, marfil, madera, o metal, que no son vasijas o instrumentos que hubiesen prestado a sus propietarios una utilidad reconocida.
Estas estatuillas son consideradas muchas veces Ãdolos religiosos, juguetes, u ornamentaciones, pero que si razonamos sobre su origen, seguramente encontraremos que tienen una directa relación con los tÃteres, ya que por su tamaño y forma podrÃamos descartar una significación religiosa.
Menos podrÃan tener un fin ornamental, teniendo en cuenta que la vida de nuestros pueblos originarios se desarrollaba principalmente al aire libre y que las cavernas y chozas apenas eran un refugio temporal para las inclemencias del tiempo.
También se descartan como juguetes, puesto que el único entretenimiento de los pequeños era imitar a los adultos en las guerras y en la cacerÃa, preparándose para una vida rigurosa.
Una explicación que nos va quedando, es que estas efigies, -aunque no tengan articulaciones o movilidad en ninguna de sus partes- podrÃan haber sido ocupadas para representar a personajes de narraciones o cuentos que se transmitÃan de generación en generación y de lugar en lugar.
Si estas figuras fueron usadas para graficar una historia o para contar un cuento y el narrador le imprimÃa algún tipo de movimiento, pues estamos frente a un tÃtere hecho y derecho.
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