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Foto: nikiold

“El lenguaje dramático del teatro de títeres -escribió en su día Ariel Bufano- requiere un conocimiento íntimo de los pasiones para codificarlas en otro lenguaje en los signos y significados propios de lo que se pretende expresar”.

Y seguía escribiendo:

“El marionetista sobre todo, no debe tomarse él mismo como ejemplo para la expresión del títere, ya que los títeres presentan personajes que se mueven no en la realidad, sino de forma tan viva que su ‘acto’ parece proceder de la imitación de los personajes que se mueven en ese sentido de imitación, pero no quiere decir copia ni reproducción, sino que implica una transformación metafórica, una sublimación”.

Los movimientos del títere no son gratuitos, son acciones propias que ejecuta el actor y en ello se encuentra lo dramático. El títere lleva consigo el personaje que ha sido creado para ser tal y cual, está relacionado estrechamente con la naturaleza de las máscaras y por lo tanto, en esa relación el titiritero debe representar con el muñeco la acción dramática, y por eso la disciplina que se ocupa del muñeco como personaje se llama actuación, y bajo ninguna circunstancia pueden ser entendida sin el movimiento, y el movimiento no puede ser entendido sin la inmovilidad, y por ello la base del entrenamiento del titiritero está en el estudio del movimiento.

Es posible prescindir en el teatro de títeres de la escenografía, las luces, la utilería, la música, pero lo único insustituible es el títere y el titiriter@.

Aunque se debe enfrentar el hecho de que el teatro de títeres aspira enriquecer los medios de expresión.


Publicado el Martes 12 de diciembre de 2006