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Foto: carf

Los niños no hacen teatro, ni aprenden teatro. Ellos viven los juegos que inventan o en los que participan. El teatro a éstas edades (hasta ocho o diez años) debe ser terapéutico y socializador. Las dinámicas de grupos, los ejercicios sicomotrices y el contacto físico entre ellos están en la base de la educación dramática. Pero es un campo inagotable que hay que experimentar. Aún queda mucho por hacer.

Muchas actividades con niños se enfocan desde el más absoluto voluntarismo y son de un ingenuo y entusiasmado utilitarismo que hasta emocionan.

Para comenzar se sobrevalora el papel del juego simbólico. Los niños ya juegan con los símbolos (rosa para las niñas, azul para los niños, etc…), gracias a eso sobreviven. El símbolo es un arquetipo y en el peor de los casos, un cliché o un cosigna. La cruz es un símbolo, las cruzadas portaban standartes repletos de símbolos, la esbástica sirvió de símbolo a los nazis y la hoz y el martillo a Stalin.

En un taller de teatro infantil, si echamos mano de la simbología, nos encontraremos en un callejón sin salida. Eso sí, podremos jugar a Barbie Superstar, a buenos y malos y darnos un hartón de niños imitando a adultos. Para eso, pongan a los críos a bailar, por lo menos expandirán energías.

Se nos olvida la herramienta fundamental: las figuras estilísticas. La metáfora, la yuxtaposición, la sinécdoque o la personificación son imprescindibles para hacer entrar en el juego a los integrantes de un taller.

Otro tópico es creer que la improvisación es lo más importante. Ésto es otro error, improvisar es muy dificil. Me refiero a hacerlo con algún sentido. Pero, en todo caso y para lo que nos interesa, hay un problema de concepto, el niño no improvisa nunca, simplemente vive y reacciona ante estímulos externos.

Otra cosa que no se le debe pedir a un niño, es que se aprenda un papel tal y como lo entendemos en el teatro. Porque el teatro es para los niños, y muchísimas veces también para los profesores o monitores de teatro, una actividad estereotipada. Primero porque es verdad, valga la paradoja: el teatro es un estereotipo; y segundo, porque lo que ven normalmente, con suerte, es cine y, con suerte o sin ella, televisión. Así que, la mayor parte de las veces, en el teatro hecho por niños se abusa de lugares comunes, ideas preconcebidas y, lo más importante, no ves una experiencia que parta de ellos mismos, de lo que son, de lo que está dentro de ellos, o de su entorno más cercano.

Pero entonces, ¿qué es lo que hay que hacer en un aula de teatro? Pues no lo sé. De hecho si lo supiera no escribiría este artículo. Estaría enseñando a profesores y gente de teatro. Porque ésa es otra, ¿donde aprenden los profesores? ¿Y los monitores de teatro? El abanico de gente que se acerca a instruir en las escuelas sobre el tema teatral o dramatización es tan colorista que se podría hacer un estudio sociológico. Desde conserjes con inquietud artística al hijo del director que se acaba de matricular en la escuela de arte dramático, o el profesor de literatura que siempre quiso ser actor, de esos de verso largo y enjundia filosófica, o el encargado de la educación física; total, siempre podremos hacer expresión corporal en el gimnasio sin tener que pedir la llave. Mejor eso que nada.

Aterrizando en el tema, pienso que hay materia suficiente para trabajar en serio y en profundidad con los niños a lo largo del curso, tanto que se podría prescindir absolutamente de las representaciones. La única excepción tendría que ser que el grupo de alumnos sintiera esa necesidad como parte del proceso interno del taller, aula, clase o programa de teatro; pero nunca a instancias del APA, ni por la fiestas del colegio o el día de la constitución. Me refiero a tener claro si el teatro que nos interesa para los niños es aquél que representa un proceso, -de aprendizaje, de creación, de crecimiento- y no aquél que significa espectáculo.

El trabajo físico personal, el contacto y descubrimiento del propio cuerpo y el del otro. El trabajo colectivo, las dinámicas de grupo, el descubrimiento del espacio, el movimiento natural, la voz, el trabajo coral, los juegos de rol, las acciones concretas, la intervención del espacio con cuerpos estáticos o móviles, los objetos, los materiales, las texturas, los colores, el sonido y las diferentes dinámicas de cada elemento citado, etc… llenarían un temario suficiente como para no tener que utilizar la válvula de escape que significa una espectáculo teatral.

El teatro en las escuelas como un laboratorio de la vida, un espacio para entenderse y entender el mundo. Un campo abierto para que el niño experimente.


Publicado el Sábado 28 de octubre de 2006

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