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Alicia oscura

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Alicia

María Teresa Trentin y Edwin Salas, de Brujerías de Papel nos hacen llegar una visión oscura de la obra más conocida del reverendo Charles Lutwidge Dodgson, más conocido con el pseudónimo de Lewis Caroll.

Muchas personas nos preguntaron por qué hacer “Alicia en el país de las maravillas” para adultos. A partir de la lectura de una version traducida por Aldo Busi, que habla sobre la pedofilia del autor Lewis Caroll, empezamos una investigacion que dió como fruto un espectáculo 3 años más tarde. Un espectáculo difícil, porque si los títeres a nivel popular son para niños y este es para adultos, además hace mención a los abusos a niños.

Que de por sí el texto de “Alicia en el país de las maravillas” no parezca tan infantil no es sólo opinión nuestra. La protagonista siempre está sola, en situaciones inquietantes y precarias y conociendo personajes raros y poco amigables. Pero ésta no es la razón por la cual decidimos proponer el cuento para un público adulto.

Un día, en un puesto de libros, encontramos una versión de este cuento traducida y comentada por Aldo Busi, que nos fue introduciendo en el submundo del autor del libro, Lewis Carroll.

Nos dimos cuenta que él tenia una pasión, digamos especial, por las niñas. Tan especial que parecía extraña y no muy clara. Así, poco a poco, fuimos entrando más a fondo. Encontramos libros de correspondencia entre él y las niñas, fotos de éstas tomadas por él, anécdotas y análisis sobre su peculiar debilidad.

Toda esta información nos llevó a darle otra lectura al texto, enfocando la atención sobre Alice Lidell -la niña a la cual fue dedicado el libro y de la que el autor estaba enamorado- y sobre el Conejo Blanco, imaginándolo como alter-ego del mismo autor.

Nos surgió la necesidad de contar, a nuestra manera, todo esto, tocando el delicado tema del abuso sobre los menores. Lo que quisimos hacer fue enfocar la atención del público sobre la rara relación entre una niña sola y un Conejo Blanco que tiene una cara demasiado humana para ser un simple e inocente conejo blanco.

Como la Alicia del libro, también la nuestra pierde la conciencia de lo que es. La primera debido a sus cambios de tamaño y a la perdida capacidad de repetir poemas victorianos; la segunda por los cambios espirituales y físicos que le ocurrieron al ser empujada y metida a fuerza en el mundo de los deseos y de los cariños de los adultos.

El espectáculo fue eligiendo a su público por sí mismo, ya que no es un trabajo didáctico en el cual se advierta a los niños sobre el cuidado que deben tener hacia ciertos adultos. Es un conjunto de emociones y crudezas sutiles, en un mundo de maravillas crueles y desquiciadas, tan crueles y tan desquiciadas que llegan a parecer casi normales y rutinarias.

La mayor diferencia entre la niña del libro y la del espectáculo es que mientras la primera logra regresar a la superficie y volver como antes, la otra se queda con la huella de lo que ocurrió, dejando que su hijo herede el emblema de la culpa.

De la misma manera en que no se sabe hasta que punto puedan haber llegado los deseos del autor del libro, en el espectáculo no se puede saber si lo que cuenta el hijo de Alicia es cierto o más bien nace de la esquizofrénica e íntima fantasía, alumbrada y cuidadosamente criada en la soledad de su dolor.

Brujerías de papel


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