El futuro de las marionetas en España

Versión para imprimir Versión para imprimir
Domingo 9 de Julio de 2006 (Actualidad Varios) por José Bolorino.

Futuro
Fotografía de b r e n t

El teatro de marionetas vive un buen momento en España. Hay trabajo para las compañías, un gran número de espectáculos en cartelera, programaciones y festivales, colegios que contratan funciones de títeres, y por supuesto, público.
La coyuntura económica, el aumento de la población y del número de niños por familia gracias a la inmigración son datos a tener en cuenta para comprender la situación.

Es en estos momentos de curva ascendente cuando hay que plantearse nuevas estrategias que ayuden a consolidar en un futuro lo que se ha conseguido hasta ahora. Sobre todo teniendo en cuenta lo que parece, cada vez más, una posible crisis económica en el futuro.

Este texto va dirigido a los profesionales del teatro de títeres.

Voy a pasar por alto la descripción del “momento títere” que viven los profesionales. Simplemente mira tu cuenta de resultados del 2001 ó 2002 y compárala con la de 2005. Como es natural hay excepciones, pero se puede afirmar que, en general, a los profesionales del títere no les va mal.

Vayamos directamente entonces a lo que no está tan bien, pero antes dos puntualizaciones:
Me referiré en todo momento al ámbito profesional del teatro de títeres en España. Es posible que algunas ideas desarrolladas aquí sean extrapolables también a otras zonas geográficas, pero me ceñiré a lo que conozco mejor.
Utilizaré el término “teatro de marionetas”, más para referirme al conjunto socio-económico de los titiriteros, que a la profesión o al arte.

Dos grandes problemas.

Problema número 1: Comunicación.

La comunicación, el intercambio de ideas y el aprendizaje son aspectos fundamentales de cualquier grupo social. En estos aspectos, el teatro de marionetas sufre de un importante déficit.

A pesar de organizaciones como UNIMA y de otras iniciativas para cohesionar el mundo del títere, el teatro de marionetas en España permanece desconectado de una realidad común. Existe una cultura muy arraigada de individualismo, y una tendencia a entender la información como una ventaja competitiva de propiedad exclusiva, lo que genera un cierto clima de desconfianza a nivel profesional.

Este trasfondo de desconfianza resulta perjudicial para los propios intereses generales del arte y del mercado de los títeres a medio y largo plazo, y debería ser prioritario acabar con él.

La inercia de este comportamiento es muy fuerte, y posiblemente se necesitarán años para contrarrestarla, aunque en favor de los titiriteros debo decir que parece que algo está cambiando, aunque sea lentamente.

Donde parece que no hay grandes cambios, es en la relación entre el los titiriteros e internet.
A causa de estos problemas de comunicación inherentes al teatro de títeres, se sigue sin comprender el auténtico valor de internet. Sí, muchas compañías tienen página web, pero es algo puramente anecdótico y que suele hacerse sin un objetivo claro.

El espectacular crecimiento en los últimos años de los blogs -o bitácoras- ha traído consigo un aumento de las conversaciones. Las personas intercambian información y la convierten en focos de interés mediante su atención; una atención cada vez más cara. Es la internet de los memes y el marketing viral, que creo, resulta desconocida por completo para los titiriteros.

Problema número 2: Formación.

Los titiriteros suelen ser autodidactas. No es que esto me parezca mal, yo soy un autodidacta convencido, pero la falta de una base formativa común y de unos mínimos técnicos y artísticos dificultan la comunicación e incluso el aprendizaje.

Tradicionalmente, el teatro de títeres ha sido en España secretista. Los titiriteros más veteranos cuentan cómo hace años, se mantenía en un celoso secreto la fórmula personal para hacer papel maché. Cada cual había aprendido a su manera por el camino más largo, el de prueba y error, y entendía este proceso como una victoria personal y una ventaja que bajo ninguna circunstancia debía compartirse con otros titiriteros, para evitar la competencia.

Si todos los titiriteros pasaran por un proceso de formación más o menos normalizado, existiría una base de conocimientos común y compartida que facilitaría el intercambio de ideas y experiencias.

Pero no existe un plan de formación para el titiritero. Tampoco está muy claro a quién le corresponde impulsar y desarrollar la infraestructura necesaria para ponerlo en marcha, y no existe un grupo -de tipo asociativo o empresarial- lo suficientemente fuerte para conseguir algo en este aspecto.

La carencia de un plan formativo se intenta paliar mediante la organización de cursos puntuales, que deberían ser complementarios a una formación más ambiciosa, y no el único recurso existente.

Parece que existe entre algunos titiriteros la sensación de que no necesitan nada. No necesitan formarse -craso error- no necesitan promocionarse y no necesitan invertir. Estos planteamientos conformistas, fruto de una situación en la que todo funciona de forma razonable sin necesidad de grandes esfuerzos, repercuten en una merma de la calidad final de las producciones. El mercado, quizá con la excepción de los festivales, no es muy exigente hoy por hoy con las producciones de marionetas, sobre todo en el ámbito local y escolar.

Pero en la línea de un futuro no muy lejano, se divisan tiempos peores, con una burbuja inmobiliaria que deberá explotar algún día, como ha hecho en otros países y en la que coinciden la mayoría de analistas internacionales, que conllevará un aumento del paro en un país que basa su riqueza en la construcción y la especulación, y con un escenario de subida de los tipos de interés y del endeudamiento familiar.

El sector de la cultura es muy sensible a estos vaivenes económicos, sobre todo -como en el caso del teatro de títeres- por su dependencia del dinero público, y sus partidas serán las primeras en recortarse cuando comiencen a llegar los problemas.

Los festivales, posiblemente uno de los mayores agentes impulsores del teatro de marionetas en España, dependen en su mayoría de las arcas municipales (ayuntamientos), pero es más, también están en buena parte asociados al esfuerzo y el interés de personas y equipos muy concretos. ¿Cuántos festivales sobrevivirán a la marcha -algún día- de los administradores, gestores culturales o funcionarios que los impulsaron y mantuvieron en marcha? Me gustaría pensar que todos, pero lo dudo.

No pretendo ser agorero ni pesimista, pero pienso que es un buen momento para mirar al futuro profesional del teatro de marionetas y tomar algunas decisiones.

Para cualquier comentario o crítica a este artículo, puedes utilizar el formulario de contacto.


Los comentarios están cerrados para esta entrada.

Más entradas en titerenet