marsel-mesulam

En el mundo del teatro casi siempre estamos tras la búsqueda de lo nuevo. No sólo eso, sino que desde hace años vemos cómo, sobre todo en el teatro de objetos, se avanza más en lo visual que en las propuestas teatrales basadas en el lenguaje.
Sin embargo, varios estudios científicos parecen demostrar que hoy manejamos menos palabras que hace veinte años. ¿En la Era de la Comunicación?

¿Debemos perseguir siempre la novedad en lo teatral?, ¿qué es más adecuado para el público infantil, la palabra o la imagen?

En una entrevista realizada por Nora Bär, Marsel Mesulam, director del Centro de Neurología Cognitiva y Alzheimer de la Universidad Northwestern, responde a cuatro preguntas que podemos llevar al terreno del teatro.

“-¿Qué importa más para el desarrollo de la mente, la herencia o la experiencia?

-Ambas. En cada función hay instancias en la que se verifica una predisposición genética, en la que la experiencia juega un papel y en la que hay interacciones. Me gusta pensar en el cerebro como un barco (la predisposición genética) sobre el que se deposita la experiencia como una pintura; si la predisposición genética es la correcta, esa pintura será mucho más colorida. Pero hay que tener las dos. Uno no puede desarrollar el lenguaje sólo poseyendo los genes; sin embargo, si no tiene los genes, la experiencia sola no va a hacer que usted tenga habilidades lingüísticas. Ahora, si un chico no es expuesto al lenguaje, tampoco lo desarrollará.

-¿Cuál es el puente entre lo anatómico y lo simbólico?

-El lenguaje. Los humanos hemos creado este sistema cuyo único propósito es crear un símbolo que llamamos “palabra” para objetos específicos, ideas, sentimientos. Se podría decir que la red del lenguaje es el mejor sistema conocido hasta ahora para la creación de símbolos y no hay otro animal que lo tenga. Se ha trabajado años para que chimpancés y gorilas crearan símbolos y se comunicaran, y sólo se ha logrado que aprendieran una o dos palabras. En mi opinión, la razón es que el cerebro humano se ha desarrollado hasta un punto en que tiene un lujo: más neuronas (en relación con el tamaño del cuerpo) de las que son necesarias para sobrevivir. Ese “lujo” nos permite sistemas neuronales cuyo trabajo principal no es sólo escapar del peligro y buscar alimento, sino reflexionar acerca de la experiencia por medio de símbolos. Esta interfaz simbólica es un rasgo exclusivamente humano. La ventaja que ofrece este sistema es realmente increíble. Otro rasgo único de la mente humana es su deseo de diversidad; si no ¿por qué los humanos creamos miles de lenguajes para decir las mismas cosas?

-¿Por qué?

-¿Y por qué hay tantas formas de preparar los alimentos? A los monos les gustan las bananas? El secreto del cerebro humano es la búsqueda de la diversidad. Sentimos una urgencia intrínseca de buscar lo novedoso. Si uno toma una neurona y le muestra lo mismo dos veces, inmediatamente decrece su actividad. Se aburre. Lo peor para el cerebro humano es el aburrimiento y eso ha creado el combustible para el desarrollo de la humanidad. El problema es que buscar novedad no siempre es bueno, por eso el cerebro tiene potencial para lo bueno y para lo malo.

-¿Qué se puede hacer para cultivar la mente infantil?

-Todos los chicos son diferentes. Algunos son curiosos y quieren saber por qué las cosas son de la manera en que son. Otros están más interesados en las relaciones personales. Es importante ser muy sensible a los talentos particulares y permitirles desarrollarlos en un ambiente estimulante. No tiene sentido pretender que sea matemático un chico que no tiene inclinación hacia la matemática, eso sería frustrante para todos. Creo que primero hay que averiguar cuáles son las aptitudes del chico y luego darle el máximo de posibilidades para que se desarrollen. Y también asegurarse de que tenga una mente curiosa en cualquier área. Cuando yo estaba en la escuela primaria, había un patrón para todo el mundo. Todos aprendíamos lo mismo, leíamos lo mismo. Espero que seamos cada vez más sensibles a las diferencias y que podamos alimentarlas”.

Por Nora Bär
De la Redacción de La Nación.


Publicado el Sábado 25 de marzo de 2006