Jirí Trnka: un poeta de la imagen

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Jueves 23 de Marzo de 2006 (Películas Televisión Vídeos) por José Luis.

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En el principio fueron… las marionetas…
Nacido en Pilsen, en 1912, Jirí Trnka tuvo como profesor de dibujo al famoso artista Josef Skupa, quien era director de un teatro de marionetas creado en los años 20 (y por entonces aún en funcionamiento). Skupa desempeñó un papel importante en la vocación de Trnka, pues no sólo le dio confianza en sus habilidades como artista plástico cuando todavía era un adolescente, alumno de la enseñanza secundaria, sino que también lo inició en los secretos del diseño y de la realización de muñecos para la representación escénica. Skupa, además, convenció a los padres de Trnka para que lo autorizaron a ingresar en la Escuela de Artes Aplicadas de Praga, una de las más prestigiosas del continente europeo.

La imagen en movimiento

Los primeros pasos de lo que con el tiempo se convertiría en la escuela checa de cine de animación se dieron a mediados de los años 1930, cuando la directora Hermina Tyrlova, con recursos mínimos, creó los primeros cortos de ese género cinematográfico, algunos de ellos dedicados a fines publicitarios. Sin embargo, ya en 1936 el Festival Internacional de Cine de Venecia concedía un reconocimiento a uno de sus trabajos de ficción.

La naciente industria checa del cine animado se adormiló durante la ocupación nazi; pero, concluida la segunda guerra mundial, se fundó el primer estudio estatal de dibujos animados checoslovaco, llamado Batri v trikuy (La Hermandad del Truco), anexo a los estudios Barrandov. Allí, una veintena de animadores comienzan a producir obras que se inspiraban principalmente en cuentos y fábulas de la tradición oral. Al frente de estos creadores, como director del estudio, estaba Jirí Trnka y su estilo original, su búsqueda de la perfección y su voluntad de evadir los estereotipos de este tipo de cine, se convirtieron no sólo en paradigmas para quienes trabajaban a su lado, sino en puntos de referencia ineludible en el cine de aquellos años.

En su primer año de trabajo en los recién creados estudios, Trnka llevó a la pantalla dos historias de la tradición oral muy populares entre los niños de su país: El abuelo ha sembrado una remolacha y Los animales y los bandoleros. Este último corto lo hizo merecedor de una distinción en la primera convocatoria del festival de cine de Cannes, en 1946.

Uno de los aportes indiscutibles de Trnka fue romper el cliché de que el cine de animación tenía que destinarse, de forma exclusiva, al público infantil. Sus obras se dirigieron, en algunos casos, a los niños; en otros, al espectador adulto; y, en algunas de ellas, ignoró displicentemente las fronteras de edades, borrándolas gracias al encanto de sus producciones. Con Trnka, los filmes animados pasan a ser, por primera vez, “cine de autor”, medios de expresión personal de las ideas y la estética de un creador.

El año checo, primer largometraje checo hecho con muñecos, fue realizado por Trnka en 1947. En él, a través de una serie de episodios, recreaba las tradiciones campesinas, enmarcadas en las estaciones del año. En la realización de esta obra trabajó con quien se convertiría, a partir de entonces, en uno de sus colaboradores indispensables: el compositor Vaclav Trojan. (La partitura musical era, para Trnka, una pieza fundamental en la composición de sus filmes, a la que concedía tanta relevancia como al diseño de los muñecos o a la escenografía y la iluminación.)

Un año más tarde, Trnka llevó a la pantalla su personal interpretación de uno de los más conocidos relatos del danés Hans Christian Andersen: El ruiseñor del emperador. (Actualmente esta cinta está a la venta, en un DVD, junto con otros filmes cortos del artista.) En 1950, estrenó uno de sus largometrajes de mayor éxito, El príncipe Bayaya, en el que se relatan las andanzas de un caballero del medioevo.

Aunque indiscutiblemente es con los muñecos que el cine de Trnka alcanza su mayor grado de perfección y poesía, no por ello dejó de experimentar, a lo largo de los años, con otras técnicas de animación. Así, en 1952 sorprende con un trabajo experimental hecho con papeles recortados: El circo alegre, una fantasía sobre el universo circense. Mientras creaba ese delicioso divertimento de breve duración, gestaba una versión del clásico español Don Quijote. Sin embargo, Trnka desistió de realizar esa traslación de Cervantes al lenguaje de los muñecos, porque, según se dice, las autoridades oficiales no dieron la aprobación al proyecto.

Su próximo y ambicioso largometraje lo devolvió a la geografía y el folclor de su patria. En Viejas leyendas checas, producción de 1953, alternó fascinantes escenas de batallas, las coreografías interpretadas por muñecos y los pasajes líricos, para rendir homenaje a los orígenes del pueblo checo y a su identidad como nación. Uno de los clásicos de la literatura checa, El buen soldado Schwejk, de Jaroslav Hasek, novela antibelicista en la que se narran las aventuras y desventuras de un soldado en los años de la primera guerra mundial, fue adaptado por Trnka en 1955.

Se dice que, después del estreno de su Schwejk, para evitar problemas con los censores y escapar del estricto control que estos ejercían sobre el contenido de las películas, Trnka decidió refugiarse en la fantasía. Por eso utilizó como fuente de inspiración la comedia Sueño de una noche de verano para realizar su siguiente largometraje. Los personajes del mundo real y del feérico de William Shakespeare cobran vida y movimiento en esta, quizás una de sus más maduras e imaginativas obras maestras. Es interesante observar cómo, prescindiendo de los diálogos de la obra original y limitando la narración a un breve texto en el que que se explica lo esencial de la acción, Trnka logró mantenerse fiel al espíritu shakespeariano. Esta película, que le tomó cuatro años de intenso trabajo, fue estrenada en 1959 y fue el último largometraje que realizó.

En los años 1960, Trnka hizo cuatro cortos más. El primero de ellos, Pasión, rodado en 1961, representó un giro en su estilo, pues retornó a la técnica tradicional del dibujo animado, apelando a un estilo irónico y dinámico. En 1962, sorprendió con una divertida trama infantil de ciencia ficción: La abuela cibernética, una amable sátira a un mundo cada vez más interesado en la tecnología y menos preocupado por los sentimientos y las relaciones humanas. A continuación vinieron El arcángel Gabriel y Lady Goose, de 1964, y, en 1965, la polémica obra que cierra su filmografía: La mano.

La mano es una sobrecogedora alegoría política sobre las prácticas coercitivas de los estados totalitarios y su reflejo en el quehacer de los artistas. La historia presenta a un creador, empeñado en hacer una escultura que exprese sus ideas y sentimientos, y a una Mano omnipresente y todopoderosa que, una y otra vez, censura su obra artística. El que la Mano sea responsable, a la larga, de la muerte del Artista, no es óbice para que, hipócritamente, sea también quien auspicie su funeral.

Muchos han visto en esta película de 17 minutos una anticipación de los trágicos sucesos de 1968, que cortaron abruptamente el florecimiento de las artes durante el período conocido como “la Primavera de Praga” y una clara decisión de Trnka de expresar su postura ideológica. Un colega suyo cuenta que una vez le preguntó cómo era posible que le hubieran autorizado a filmar el guión de La mano y su respuesta fue: “Tal vez no se fijaron demasiado bien… o no eran muy inteligentes”.

Jiri Trnka falleció en noviembre de 1969, a los 57 años de edad. Tuvo un funeral lleno de discursos y homenajes oficiales, pero, según se afirma, cuatro meses después de su estreno, todas las copias de La mano fueron confiscadas por las autoridades checas y prohibida, durante dos largas décadas, su exhibición pública.

Un colega y contemporáneo suyo lo describía como reservado y distante. Trnka era un artista preocupado sólo por crear, que prefería enviar a otros colegas suyos a viajar al extranjero y a hacer acto de presencia en los festivales internacionales de cine. Hoy día, sus libros han pasado a ser trofeos codiciados por los coleccionistas y sus películas son objeto de culto por los conocedores del gran cine europeo. Las creaciones de Trnka, como obras de un clásico que son, no sólo no han envejecido sino que, muchas de ellas, hacen gala de una rabiosa frescura y actualidad.

Si aún no ha visto ninguno de sus filmes ni se ha deslumbrado ante las ilustraciones que hizo para Las mil y una noche árabes o Sueño de una noche de verano, busque el modo de hacerlo. (No pierda el tiempo acudiendo a bibliotecas nuevas o librerías; la mejor forma es adquirirlas a través de internet, incluso en ventas de libros de uso en el ciberespacio.) Será difícil que, una vez conocidos sus trabajos, no pase a formar parte del club de admiradores mundiales de Jirí Trnka.

Vía: Revista Cuatro Gatos.


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