Homenaje a Sara Bianchi
Versión para imprimir Lunes 20 de Marzo de 2006 (Homenajes y Celebraciones) por José Luis.
El pasado sábado 18 de marzo, Sara Bianchi recibió el Premio a la Trayectoria Teatral, por sus 62 años de labor entre tÃteres, un género que le debe mucho y en el que se inició de la mano de su compañera Mane Bernardo.
Entrar es adentrarse en un mundo mágico. Cientos de ojos plásticos observan cada paso, cada movimiento, cada palabra. El Museo del TÃtere alberga un sinfÃn de historias alguna vez contadas, todas fosilizadas en los rostros inmóviles de madera, tela y hojalata. Y en el centro de la sala, con casi la misma quietud y la paz de los muñecos, está ella, la dueña de la historia más valiosa: Sara Bianchi, la titiritera que hoy a las 23, en el marco de la Fiesta Nacional del Teatro, recibirá el Premio a la Trayectoria Teatral, por sus 62 años de labor en esta profesión (en el C. C. de la Cooperación, Corrientes 1543).
“Esto es muy importanteâ€?, dice Bianchi, que hace tan sólo un momento trabajaba sobre una brujita de trapo. “Emociona, porque es un reconocimiento a nivel nacional. Y como uno quiere a su paÃs y ha trabajado para él se pone muy feliz.â€? Inmediatamente, a modo de propuesta obligada, Página/12 invita a la titiritera a hacer un viaje por su trayectoria y rememorar las anécdotas de quien, con su teatro ambulante, recorrió desde Misiones hasta Tierra del Fuego. Porque Sara, antes de enamorarse de los muñecos, habÃa sido artista plástica y actriz de teatro independiente. Hasta que un dÃa conoció a Mane Bernardo.
“¿Querés hacer tÃteres?â€?, dice Bianchi como si Mane hubiera tomado su cuerpo. “Pero yo no sé nada de esoâ€?, responde, como lo hizo aquella vez, en 1944. “No importa, vas a entrar como plástica, para modelar, pintar telones…â€?, decidió entonces la otra. Y asà comenzó la carrera de quien hoy se ha convertido en un icono del teatro de tÃteres en Argentina. “Yo conocà a Mane en una exposición de arte en la que presentábamos nuestros trabajos. Ella tenÃa un teatro independiente que se llamaba La Cortina, y como yo también era actriz fui a parar a ahÃ. Ella ya habÃa hecho tÃteres y la habÃan nombrado directora del Teatro Nacional de TÃteres, que se creó en el Cervantes. Estaba armando un equipo de trabajo y me invitó. Duré un año; al siguiente ya tenÃa puesto un tÃtere en la mano.â€?
A Bianchi siempre le gustó hacer sus propios muñecos. Su primer tÃtere –el que confeccionó para darle vida con su propio cuerpo– fue Lucesita, un duendecillo travieso que la acompaña siempre y junto a quien recibirá hoy el premio. Un reconocimiento que, según ella, es un modo de otorgarle el lugar que le corresponde al puppet y a su manipulador: “El tÃtere es una de las tantas formas del teatro, como lo es también el mimo o la danza. Es teatro, aunque costó que lo reconocieran, que nos consideraran actores a los titiriteros. Porque, tradicionalmente, fuimos ubicados en la última escala social del mundo del teatroâ€?, se acuerda.
“Eran otros tiempos…â€?, suspira Bianchi. Eran otros tiempos cuando fundó el Teatro Libre Argentino de TÃteres junto a Bernardo en 1947, luego de que el estatal hubiera cerrado. Y cuando debieron cambiarle el nombre al grupo porque “la palabra libre estaba prohibidaâ€?. “Los anuncios decÃan: actúa un teatro argentino de tÃteres –cuenta– y eso no nos convencÃa. Entonces, para que no hubiera dudas, le pusimos TÃteres Mane Bernardo-Sara Bianchi.â€? Asà continuó la dupla, entreteniendo a generación tras generación, hasta que Mane “se fue de giraâ€? –dice esbozando una sonrisa melancólica– y Bianchi debió continuar su camino sola.
La titiritera y sus muñecos encierran un sinfÃn de anédotas, que tienen como escenario la Argentina entera, de Norte a Sur. “Ibamos a muchos lugares donde nunca se habÃa visto un teatro. Entonces, para ese público, vernos era descubrir un mundo diferente, el del espectáculoâ€?, relata. Hace una pausa y el recuerdo vuelve a emerger.
–Ibamos a las escuelitas, a las que los chicos llegaban en burrito. Los que podÃan, porque muchos no venÃan cuando los padres se los llevaban a los ingenios. En esas épocas la escuela quedaba desierta. A veces llegábamos a un lugar y no habÃa nadie; tenÃamos que seguir para otro lado. No era fácil. Estoy muy contenta de haber empezado a conocer mi paÃs a través de los tÃteres. Nosotros llegábamos a un lugar y nos quedábamos a dormir en una escuelita o en el jeep. ConvivÃamos con la gente y eso es muy lindo. Recuerdo una vez que nos invitaron a comer en una escuela: nos dieron una gallina, la única que tenÃan y la habÃan matado para agasajarnos. Los chicos nos escribÃan cartas a Buenos Aires; algunas se han perdido pero las recuerdo mucho. A mà estos festivales me encantan porque reúnen a titiriteros de todos lados. Lo que significa un gran esfuerzo, porque todavÃa no es fácil para la gente del interior dedicarse al arte.
Texto: Alina Mazzaferro.
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