Sala Quiquilimón
Versión para imprimir Domingo 22 de Enero de 2006 (Actualidad Varios) por José Luis.

Foto: 3dogsmom
Supongo que ya sabes que la Sala Quiquilimón cerró sus puertas en Gijón hace ya un tiempo. Ya no es noticia, y sólo queda el recuerdo de los que algún día pasamos por su escenario, y de los muchos espectadores que pasaron por sus butacas. Pero hoy encuentro unas líneas de Joaquín Fuertes, en el Comercio Digital en las que cita a la desaparecida Sala.
Joaquín Fuertes nos dice:
“Deslocalizar es el verbo que los burócratas emplean para cambiar de sitio a las empresas. Equivale también a disminuirlas o incluso desaparecerlas. Quiquilimón fue también en su día deslocalizado de su local en la calle de Pedro Duro, pero Rosa Garnacho y sus gentes ya estaban acostumbrados a los golpes, e incluso a la ingratitud, y en vez de desmoralizarse siguen con la labor impagable de trabajar para los niños y los jóvenes. Tal como están los tiempos, la atracción de los niños hacia espectáculos lúdicos y didácticos, sin la trampa de la manipulación, e incluso de la perversión, como se aprecia en algunas películas y en la mayoría de los bodrios televisivos, debería de ser obligatorio, como un buen ejercicio de desintoxicación de los malos hábitos”.
Y entre esos malos hábitos encuentro yo el desisterés de muchos políticos hacia el teatro independiente, el único que acerca la cultura a todo aquel que quiera sentarse delante del escenario.
Así vemos hoy cómo los escenarios se pueblan de productos televisivos, de elucubraciones de despacho, de amigos del burócrata. La escena se puebla de musicales tan interesantes algunos como el sonido de las tragaperras en los bares, y constatamos la creación de una nueva profesión, llamada ya no actor o actriz, y que podríamos denominar “mis subvenciones”.
Así le va al teatro, dirigido desde los despachos por legión de políticos de derechas que miran al futuro por el retrovisor del pasado, y por políticos de izquierda inmersos más en sus propias carreras profesionales que en las necesidades de los ciudadanos.
Teatro, ¿romperás algún día las cadenas?. Lo dudo y lo lamento.
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