El belén de la Orden Tercera de San Francisco
Versión para imprimir Martes 20 de Diciembre de 2005 (Exposiciones) por José Luis.

El caso es que las figuras creadas por Alfredo Martín en El Ferrol, aunque a él no le guste mucho la palabra, son marionetas. Marionetas que participan en lo que se convierte en una auténtica representación teatral, y cuyos hilos y alambres no se accionan -como es habitual- desde lo alto, sino desde el suelo, dando así sensación de estar dotadas de vida propia.
El veterano escultor ferrolano dice que quiere diferenciar su belén de aquellos en los que las figuras, aun moviéndose también, lo hacen «como autómatas», como si no tuviesen alma… y no como las suyas, vaya, que siempre atienden, prestas, a lo que se les manda. El caso es que las figuras creadas por Alfredo Martín, aunque a él no le guste mucho la palabra, son marionetas. Marionetas que participan en lo que se convierte en una auténtica representación teatral, y cuyos hilos y alambres no se accionan -como es habitual- desde lo alto, sino desde el suelo, dando así sensación de estar dotadas de vida propia.
Componen, esas figuras y los paisajes en los que representan sus escenas, cuadros que, en muchos casos, ya habría que calificar -al menos para lo que atañe a los espectadores habituales del belén- de auténticos clásicos.
Están, por poner algunos ejemplos, la barca que recorre el río, el panadero que mete el pan en el horno, el camello al que se le cae la carga, el viajero al que se le niega un lugar donde dormir en la posada, la caravana que cruza el puente, el pescador que saca peces del agua…. Este año, la principal novedad, adelanta Alfredo Martín, entusiasmado, es un niño que sube y baja a una palmera.
«Lo he hecho yo»
«Todo lo he hecho yo», dice el escultor ferrolano. «Empecé hace casi sesenta años, cuando no había nada, con unas figuras de cartón, y con el tiempo hemos ido llegando a esto. Pero da mucho, muchísimo trabajo».
Para financiar la instalación del nacimiento, en las representaciones del belén de la Orden Tercera se cobran dos euros a los adultos y 1,50 a los niños. Cada representación dura alrededor de media hora, y por las limitaciones de espacio sólo pueden contemplarla a la vez una veintena de espectadores.
Visto: La Voz de Galicia.
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