La Revista Escape cuenta cómo nacen los títeres
Versión para imprimir Óscar Díaz Arnau ha escrito un texto a partir de una entrevista con motivo de un taller de teatro de títeres, que nos ha parecido curioso y digno de compartir con vosotros.
Comienza así:
“Señoras y señores, estimadas y estimados lectores, tengan ustedes muy buenos días! ¡Tomen sus asientos que la función está por comenzar! Quiero contarles una historia, la historia de mi propia vida. ¿Mi nombre? No lo sé aún, pero les aseguro que pronto tendré uno, ojalá que sea Pepito o
¡Arlequín, mejor Arlequín!”.
“Pero de momento duermo, carezco de toda vida que no sea este dulce sueño. Y es que el títere nace cuando la vida ya cobra un sentido. Y cobra vida sólo cuando nace.
Hoy, sin embargo, estoy aún en pleno proceso de gestación. Mi cabeza va cobrando forma en la esfera de plastoformo. En dos días más me colocarán el cabello y, gracias a las hábiles manos de Giovanna, pronto iniciaré una larga gira por los barrios de la ciudad.
Haremos un gran dúo, sin duda, aunque todo dependerá de Giovanna, pero también de mi estado de ánimo en cada función, claro.
Ya estuve espiando mi vestuario. Luciré un traje de niño agricultor especialmente diseñado para la ocasión. Hablaré con los animales y, al final, me convertiré en un brujito o un mago. Esa es por lo menos la idea de Giovanna, que acaba de salir del colegio y, al mismo tiempo que trabaja para terminarme, se esmera en la construcción de otro muñeco. Se trata de un ladrón de sombreros. Esta entusiasta muchacha sueña, además, con presentar sus obras en los barrios y viajar con decenas de muñecos.
Ya me lo imagino. Actuaremos en un teatrillo de lujo, ante un público maravilloso. No veo la hora de pararme ahí, ante todos, seguro, y saludarlos con un sonoro: ¡Muy buenos días, chicooooos!
Pero no todo son alegrías entre nosotros, los títeres. A veces, me duele que me confundan con una marioneta, esa torpe niña que se maneja con hilos, desde arriba, pues yo me muevo desde abajo, directamente mi dueña me manipula con las manos, sin necesidad de ayudarse con alambres o cables”.
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