Imaginaria

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Jueves 15 de Septiembre de 2005 (Publicaciones) por José Luis.

En Punto de Partida, Revista de Educación Inicial, editada en Argentina y dirigida a docentes y profesionales que trabajan con niños pequeños, encontramos dos artículos de Rafael Curci acerca del títere; en los números 13 y 14.

El títere como imagen plástica y producto artesanal. Por Rafael Curci.

“El aspecto plástico de un espectáculo de títeres está dado por todo lo que el espectador ve en el escenario: la escenografía, la utilería, las luces, los títeres y sus movimientos (ya que el movimiento —en cuanto factor plástico— es la cualidad funcional del títere).

En otras palabras, podemos afirmar que los elementos plásticos están representados por todo lo que ocupa físicamente el espacio escénico y se manifiesta visualmente.

Si en el teatro de títeres contemporáneo el titiritero es muchas veces catalogado como ‘el gran demiurgo’, el realizador o constructor de títeres no merece menos que ser calificado como ‘el gran iconizador’, ya que logra corporizar o materializar referentes físicos en escena.

Ante los ojos del espectador, todo lo que aparece en escena se constituye como una unidad plástica —integral y dinámica— con características muy particulares.”

De la cosa al signo. O las relaciones entre el objeto y el títere. Por Rafael Curci.

“Podemos definir los juegos como una acción libre, experimentada como ficticia y situada fuera de la vida cotidiana, capaz, sin embargo, de absorber totalmente al jugador; una acción desprovista de todo interés material y de toda utilidad, que se realiza en un tiempo y un espacio expresamente circunscriptos ( se desarrolla en un orden según reglas establecidas). Los juegos, al igual que las artes, son imitaciones de la realidad, son situaciones construidas con el objeto de reubicar a los individuos en su esquema significativo de la vida social. Las artes imitan con el objeto de reubicar al receptor frente a la realidad y hacerle experimentar; por medio de una imagen, las emociones y los sentimientos suscitados por esa realidad. Los espectáculos son, a la vez, artes y juegos. Concebir un espectáculo como juego supondría, en consecuencia, situar al titiritero en un espacio ficticio, en una especie de ‘imagen habitable’, y estimular desde allí el desarrollo de una práctica, de unas acciones que, entrelazadas y combinadas con otros significantes escénicos, conformarán una ficción plausible ante los ojos de un eventual espectador. ”

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