Apuntes acerca del teatro de tÃteres
Versión para imprimir Jueves 8 de Septiembre de 2005 (Historia de los tÃteres) por José Luis.
Mil veces nos han preguntado acerca del poder de atracción que tienen las marionetas, de su capacidad de crear fantasÃa, de captar la atención, de inspirar emociones y sentimientos.
¿Pueden los nuevos estudios acerca del cerebro aportarnos algo que explique esta atracción?
Puede que si, ya que podemos encontrar indicios de que el hecho de dar movimiento a una figura pueda estar iniciado en los mismos orÃgenes de nuestra especie. Si ello es asÃ, a través de quizás un millón de años de evolución –si hacemos caso de las dataciones realizadas en Atapuerca, Burgos, con relación al Homo Antecesor- se han ido registrando emociones relacionadas con el movimiento de figuras, instituyendo un mecanismo de respuesta automático en el hipotálamo –la parte más antigua de nuestros cerebros.
Imaginemos a uno de nuestros antepasados, ¿por qué no en Atapuerca?, ¿o en el Ã?frica originaria de nuestra especie? que ve un trozo de madera que le atrae, tal vez porque despierta la imagen de un animal que conoce: un mamut, un rinoceronte o algún antÃlope, o tal vez algo más peligroso como un diente de sable. Nuestro ilustre antepasado lo lleva hasta algún lugar seguro y allà juega con él, dándole el movimiento del animal que su fantasÃa plasmaba en el objeto.
Y si el hallazgo se hubiese dado un poco más tarde, en el neolÃtico, ¿por qué no pudo embellecerlo con las técnicas que poseÃa? PodrÃa haberle colocado algunos elementos de la incipiente cesterÃa, o utilizar los colores de su arte rupestre –ocre y negro- para dar aún más apariencia de realidad a su objeto encontrado. Incluso pudo utilizar alguno de los “aerógrafos” de boca que ya se utilizaban en el neolÃtico para pintar las paredes, o para dejar la huella de su mano en alguna cueva sagrada.
Ese antepasado da un salto y se convierte en el mago –el hombre de conocimiento del momento- cuando en alguna ceremonia ritual y a la luz del fuego, pone en movimiento a su figura frente a los otros miembros del clan. El espÃritu del mamut o del rinoceronte está allà delante de todos, y el mago –o titiritero- puede darle caza, puede hacer que se detenga, que dance con su voz… Ha encontrado la magia del movimiento.
¿Es esto sólo una imaginación, una especulación atrevida?, tal vez. Pero si nos remontamos ahora a épocas históricas, comenzamos a encontrar noticias de la utilización de figuras animadas relacionadas con ritos sagrados, mágicos o religiosos. AsÃ, aquella figura encontrada al azar se ha convertido ya en una figura policromada que representa a los dioses.
Herodoto nos habla de los ritos propiciatorios que empujan al Nilo hacia su crecida anual para asegurar la fertilidad de los campos. En uno de esos ritos nos cuenta haber visto a la estatua de Osiris que movÃa la cabeza y los brazos, y que una voz originada en el interior de la estatua llamaba a los presentes hacia la oración. En este caso, el mago –ahora llamado sacerdote- podÃa estar dentro de la estatua y articular la cabeza y los brazos con mecanismos desconocidos por nosotros, y al tiempo utilizar algún resonador interno para conseguir que Osiris hablara al pueblo.
Si aún hoy, después de una función, se acerca algún niño o niña que nos pregunta cómo se mueven las marionetas que han visto durante el espectáculo y a pesar de nuestras explicaciones se quedan paralizados cuando delante de sus ojos introducimos nuestra mano en el muñeco y éste cobra vida. Imaginemos entonces, hace miles de años, en la cultura egipcia, cómo reaccionaria el pueblo ante el movimiento del dios, ante el movimiento de la marioneta sagrada. No es imposible suponer que muchos de ellos creerÃan que estarÃan ante el mismo dios, aunque el sacerdote entrase o saliese de la figura delante de sus propios ojos.
¿Podemos encontrar más referencias acerca de estas figuras animadas? Diodoro SÃculo nos escribe acerca de la estatua de Júpiter Amón, que era llevada en procesión por un gran número de sacerdotes y que indicaba con un movimiento de cabeza la dirección de la comitiva.
También la estatua de Apolo, en el templo de Heliópolis, movÃa brazos y piernas cuando era consultada en oráculo, produciendo el mismo efecto ya anotado por Herodoto: emoción y miedo, ya que el dios estaba allà con ellos respondiendo a sus dudas y ansiedades.
Poco a poco esas estatuillas forman parte también de la vida diaria, como muñecos para los niños, o en espectáculos en banquetes o en las calles. Los hallazgos en muchas tumbas en Egipto, Grecia y Roma han sacado a la luz un número increÃble de estatuillas que reproducen seres humanos y animales con articulaciones de piernas y brazos, con ganchos para hilos en la cabeza y manos.
La marioneta comienza a tomar vida en las plazas, en las casas, en la celebración de los banquetes, y asà nos lo cuentan el historiador Livio, los poetas y escritores como Horacio, Persio, Juvenal, Ovidio o Petronio. Incluso Marco Aurelio, también pensador y filósofo además de emperador, hace alguna referencia en sus escritos a las marionetas.
Asà en los periodos de esplendor de las culturas griega y romana, los espectáculos de marionetas presentan ya parodias de tragedias y comedias de célebres autores, asà como sátiras sobre acontecimientos sociales y polÃticos. Los protagonistas de tales obras ya no eran necesariamente los dioses, sino sirvientes necios y astutos, doncellas ingenuas, matronas astutas, jóvenes enamorados, capitanes fanfarrones y viejos avaros que nos acercan ya a la Comedia del Arte.
Sin embargo, los sacerdotes no podÃan ver con buenos ojos esa utilización profana de las figuras. AsÃ, se perfeccionan las figuras sagradas que nos llevarán al gran desarrollo que tuvieron los dramas litúrgicos en los siglos XII al XV. Pero… ahora tras la ventana veo a las nubes en movimiento y pienso que es un buen momento para salir a dar un paseo. Asà que ahà os dejo con estas impresiones que espero que os sirvan para algo, aunque sólo sea para pensar que este muchacho que escribe está algo chiflado.
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