Los primeros títeres mexicanos datan de 1300 aC y eran olmecas

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Domingo 1 de Mayo de 2005 (Historia de los títeres) por José Luis.

Eso al menos es lo que asegura Alberto Mejía Barón, director de la Compañía Nacional de Marionetas, que además se queja del poco apoyo que tiene el títere en México; representa “mucho esfuerzo y la realidad es que hay poca audiencia. Ya sé que estamos en una crisis, pero debemos darnos la mano. Si la gente no apoya estas cosas culturales, el barco se hunde”, asevera.

Y no es por presumir, pero de otros países vienen y “se admiran del títere mexicano, y te dicen esto no hay en ninguna otra parte”, refiere Alberto.

La entrevista se realiza en su casa de la colonia San José Insurgentes, un barrio calmo y limpio atrás de la iglesia de la Candelaria, lugar que por el número de títeres, máscaras, juguetes, vírgenes, teatritos, parece más un museo.

Y eso que ahora hay menos -expresa-, pues como la mitad de los títeres los acabo de llevar a Guatemala a una presentación en El Paseo de los Museos, donde causaron muy buena impresión. Dentro de poco los recibiré por valija diplomática; es decir, casi ,casi soy un embajador cultural.

“Aquí en México tenemos, además, una tradición milenaria”, asegura y acto seguido muestra de un armario cinco marionetas de barro de la cultura Olmeca con una antigüedad de 1300 años.

Son cuatro figuras de color cenizoso, de unos 40 centímetros de altura, que mueven los brazos, las piernas y la cabeza.

“Estas -señala Alberto- eran utilizadas para curación; las pasaban por encima del cuerpo del enfermo”.

Alberto le soba la panza a uno de los títeres prehispánicos, que como las otros tres tiene notorias características olmecas: ojos rasgados, pómulos salientes, labios gruesos, vientre voluminoso. “Me los regalaron unos brujos de Tepoztlán”, suelta como no queriendo.

-O sea que son mágicos.

-Así es.

Levanta otra figura también de unos 40 centímetro de altura, de color café claro, que al agitarla enseña la lengua y agita los brazos. “Esta otra era usada con fines guerreros, como estandarte. La ponían en la punta de un palo y la movían ante las tropas enemigas”.

El doctor Mejía Barón se queja de la falta de apoyos oficiales, del desdén de las autoridades a quienes no les interesa la constitución de un Museo Nacional del Títere.

Mejía Barón es el depositario oficial de la colección de títeres Rossete Aranda con más de cien años de antigüedad.

“Ya me cansé de andar en oficinas”, refiere y luego explica que es necesario fundar en México el Museo del Títere.


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