Exposición de títeres en el Monasterio de Veruela, en Aragón
Versión para imprimir Domingo 1 de Mayo de 2005 (Exposiciones) por José Luis.
El Monasterio de Veruela acoge desde hoy y hasta el próximo 5 de junio una exposición de Títeres del Sudeste Asiático, de la colección Taraneya, cuyo propietario es Jesús Benedicto.
Este Monasterio se encuentra a 79 km de Zaragoza, por la N-232 en dirección a Logroño, enlazando con la N-122 en dirección a Agreda y Soria, se sigue hasta el desvío a Vera de Moncayo. Veruela equidista 15 Km de Borja y Tarazona.
La muestra reúne 160 títeres de gran calidad artística. Contiene máscaras, títeres de sombras, de hilo y de varilla recogidos a lo largo de los años en países como Tailandia, Myanmar (antigua Birmania), Indonesia, Nepal y Malasia. El Teatro Taraneya ha ido recopilando dichas piezas contactando con grandes profesionales del mundo de las artes y de la cultura.
Durante el tiempo que permanezca la exposición, se complementará con pases o representaciones todos los sábados a las 5 de la tarde y los domingos a las 12 del mediodía (a excepción del día 21). La exposición es la primera de la temporada que albergará el cenobio, organizada por el área de Cultura de la Diputación de Zaragoza.
El arte del teatro de títeres en Oriente tiene una tradición milenaria además de un profundo sentido religioso. Los espectáculos se realizan muchas veces con motivo de fiestas religiosas, incluidos los funerales por una persona fallecida. El títere en sí es un objeto sagrado y el titiritero un «sacerdote». Muchos de los títeres representan a dioses tomados del hinduísmo y del budismo (religiones politeístas), aunque otras religiones también han influido en este arte, como la musulmana, mayoritaria en Indonesia, cuya prohibición de representar el cuerpo humano llevó a los titiriteros a deformar sus figuras.
Los reyes tenían sus propias compañías de teatro de títeres, del mismo modo en que los reyes occidentales tenías sus pintores de cámara o sus músicos. La mitología y la teología hindú se basan principalmente en dos obras maestras del sánscrito que son representadas constantemente: el Ramayana y el Mahabharata. El Ramayana fue compuesto por el maestro entre los poetas, Valmiki, hacia el siglo IV antes de Cristo, y narra la historia del príncipe Rama, séptima reencarnación de Vishnú.
El Mahabharata es el poema épico más largo de toda la literatura universal. Consta de dieciocho libros y contiene aproximadamente doscientos mil versos, narrando la historia de los hermanos Pandawa, encabezados por el héroe Arjuna, en su retorno al poder en el reino de Hastina. En cambio, en Myanmar los argumentos utilizados en el teatro de marionetas son sacados de los 550 jatakas y las diez reencarnaciones de Buda.
En Tailandia se utilizan fundamentalmente títeres de sombra (Nang-ta-Lung), hechos con piel de búfalo, algunos de dimensiones extraordinarias (Nang-Yai). También son muy populares los títeres de varilla (Hun-Kra-Bog), hechos con madera de cocotero. Prácticamente siempre se representa el Ramayana.
En Indonesia existen varias técnicas de títeres: Wayang Golek, títeres de varilla hechos de madera; Wayang Kulit, títeres de sombras hechos con piel de búfalo o cabra y con varillas hechas de cuerno de búfalo tallado, pulido y doblado al calor, y Wayang Klitic, títeres planos, hechos de madera, y en bajorrelieve. Casi siempre se representa el Mahabharata. En Malasia se hace también teatro con títeres de sombra (Wayang Siam), con muchas influencias tanto de sus vecinos del norte (Tailandia) como de los del sur (Indonesia), y representan versiones particulares del Ramayana y del Mahbharata.
En Myanmar son las marionetas de hilo las dueñas de la escena. Y su manufactura extraordinaria en madera, con incrustaciones de piedras preciosas, ojos de vidrio, cabello natural, sexo, etc., está a la par de su depurada técnica de manipulación, contando para ello con la cruceta más sencilla de cuantas se emplean en la manipulación de los títeres de hilo.
Se tiene constancia de que, en 1821, el teatro de marionetas de Myanmar se regía por un Edicto Real en el que se regulaban todos los detalles concernientes a este arte.
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