Teatro de marionetas Ningyo Johruri Bunraku

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Miércoles 13 de Abril de 2005 (Historia de los títeres) por José Luis.

Proclamado por la Unesco en el 2003 “Obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad”, es considerado en Japón, al igual que el Nô y el Kabuki, como uno de los principales géneros dramáticos tradicionales, el teatro de marionetas Ningyo Johruri Bunraku combina la narración cantada, el acompañamiento instrumental y el teatro de marionetas.

Surgió a principios del periodo Edo (hacia 1600) como una asociación de las marionetas con el Johruri, un género narrativo muy popular en el siglo XV. Las historias contadas en el Ningyo Johruri, como se llamaba entonces a esta nueva forma de teatro de marionetas, se derivan de dos fuentes principales: los relatos históricos de la época feudal (Jidaimono) y los dramas contemporáneos sobre los conflictos entre sentimientos amorosos y obligaciones sociales (Sewamono).

A mediados del siglo XVII, numerosos teatros privados estaban especializados en las marionetas y el Kabuki, pero sólo fue a mediados del siglo XVIII cuando el Ningyo Johruri adoptó el estilo escénico que lo caracteriza. Tres marionetistas, cuya parte superior del cuerpo puede ver el público, manipulan grandes marionetas articuladas. Desde una plataforma saliente y elevada (yuca), el narrador (tayu) narra la historia mientras un músico toca un laúd de tres cuerdas llamado shamisen. El tayu interpreta todos los personajes, tanto masculinos como femeninos, adaptando su voz y sus entonaciones a los personajes y a las situaciones. Aunque el tavu lee un texto escrito, tiene un amplio margen para la improvisación. Los movimientos de los tres marionetistas deben estar cuidadosamente coordinados para que los gestos y las actitudes de las marionetas den una impresión de realismo. Esas impresionantes marionetas, vestidas con suntuosos atuendos y cada una dotada de una expresión personal distinta en el rostro, son minuciosamente fabricadas por maestros artesanos. El género adoptó su nombre actual, Ningyo Johruri Bunraku, a finales del siglo XIX (el Bunrakuza era el teatro más célebre de la época).

Riesgos de desaparecer:
Actualmente, estas representaciones tienen lugar en el Teatro Nacional Bunraku de Osaka, pero esos artistas de renombre también hacen representaciones en Tokio y en otras escenas regionales. De las 700 obras escritas en el periodo Edo, sólo 160 forman parte del repertorio actual. Las representaciones, que antes podían durar un día completo, han quedado reducidas de seis actos a tres, e incluso a dos. El Ningyo Johruri Bunraku, proclamado “bien cultural inmaterial importante” en 1955 por el gobierno japonés, no está seriamente amenazado. Este arte popular atrae a numerosos jóvenes artistas. Sus cualidades estéticas y el contenido dramático de las obras continúan interesando al público contemporáneo.

Plan de acción de la Unesco:
Para dar a conocer mejor el Ningyo Johruri Bunraku, se multiplicarán las representaciones públicas y se grabarán en vídeo. El plan de acción también prevé el reconocimiento oficial de los artistas consagrados como “detentadores de un importante bien cultural”, así como la formación de nuevas generaciones de actores en las técnicas de este teatro tradicional.


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