Festival de Logroño

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Sábado 8 de Enero de 2005 (Festivales y Ferias) por José Luis.

Hemos encontrado en Larioja.com una crítica al Festival de Logroño escrita por Ricardo Romanos. La publicamos completa no porque estemos de acuerdo con todos los puntos de vista del autor, sino porque creemos que el arte de los títeres necesita la reflexión de la autocrítica -como sucede con cualquier actividad humana-, y porque desde hace tiempo la crítica se realiza sólo en círculos privados y tiende a evitarse en el ámbito público.
Hemos incluído, al final de la nota, un correo enviado por Juan Manuel Recover, del Teatro La Luna.

Un fantasma demediado.

Al contrario que mi vecino en otras lides opinables -creo que habla de Fernando Sáez Aldana, al que vuelve a citar un poco más abajo-, y como miles de logroñeses y cientos de miles de hispaniolos, adoro a Gorgorito. A los títeres de cachiporra y tentetieso, que fueron los primeros en provocarme ese que se llaman emociones escénicas. Claro que doña Pilar Primo de Rivera y sus censoras se habían encargado de convertir en políticamente correctos a Maese Vilarejo y a su Gorgorito a base de multas y estacazos. Y donde hubo abogados pedantes y estafadores, jueces abusadores y rijosos, señoritos estafadores, matasanos avarientos y comerciantes ladronazos, salieron a relucir lobos trasnochados, brujas Ciriacas y ogros traganiños; de un plumazo nos dejaron sin Roma, sin educación sentimental, sin comedia dell’arte, sin Tía Norica de Cádiz y sin García Lorca, al que ya se habían llevado por delante con un tiro de gracia en el culo por maricón.

En lo que si coincido plenamente con Fernando Sáez Aldana es en lo del dengue de las nuevas inquisiciones que la execrable política de lo “correcto” va imponiendo a trancazos. Y de la que no se libra, desgraciadamente, el teatro para niños con que Cultural Rioja (o sea, Gobierno de La Rioja, Ibercaja y Ayuntamiento de Logroño) nos regala cada Navidad. Eso que llaman Festival de Marionetas, que nada tiene que ver con el espíritu con que se inició hace 22 años (aquello sí era un auténtico Festival) y que ha resultado un cajón de sastre donde cabe de todo, salvo todo lo que tenga que ver con el antiquísimo arte de la manipulación de títeres y marionetas.

El Festival de Marionetas logroñés es todo menos un festival. Es un fantasma de lo que fue, demediado y sin cabeza. Sin cabeza para programar espectáculos con un mínimo de coherencia y un máximo de información. ¿Quién ve los espectáculos que se compran si es que se ven? ¿Con qué criterios se escoge en la inmensa oferta de producciones? Porque parece que sólo se busca la baratura, el ahí queda eso, pim, pam, pum, chocolate fuera, el contar el número de localidades vendidas para ponerle en el couché de resultados y el que haya mucha pedagogía, o sea, espectáculos coñazos y aburridores, mucha poética de la cursilería, muy correcta eso sí, y mucho panoli del oficio. Y nada de cristobitas ni cachiporrazos de guiñol titerero porque ello es incitar a los niñitos a la violencia y chorradas por el estilo, nada de traernos a César Linari con sus montajes de Bretón de los Herreros o Collodi, nada de asomarnos a las sombras turcas, al majestuoso bunraku, a los títeres rusos de hilo o a los de bufón ingleses. Nada de traernos, tampoco, títeres para mayores en nuestros estupendos cafetines ni algo que amenice la calle. Nada de nada.

Y no sólo no se ven puestas en escena que alelen y entusiasmen e interesen a los chiaquillos, sino que nos dan gato por liebre con idioteces tipo Teatro La Luna: dos pelmazos haciendo como que jugaban con objetos comprados a un nigeriano en la calle del Laurel, o confunden a nuestros cuatroañeros y sus papás con un L’enfant et les sortièges raveliano, naturalmente con canciones en francés, apto sólo para mayores de catorce: el desentendimiento provocó el tedio en el Bretón. Y el tedio llevó al griterío para desesperación de todos: No, mamá, no me lleves al teatro, po favó. De este año salvamos el estupendo trabajo de los Hermanos Farrés y la divertida fiesta que supuso el montaje de la compañía Caleidoscopio:Ã?brete Sésamo. Esto, señoras y señores responsables, hay que corregirlo drásticamente para próximas ediciones. Nuestros niños no se lo merecen, el Teatro Bretón menos, que nada tiene que ver en el asunto y nos tienen mejor acostumbrados. Y la europea ciudad de Logroño, tampoco. Qué va. Festival de Marionetas.

Hasta aquí la nota de Ricardo Romanos.

Puede que el lector esté o no de acuerdo con sus consideraciones, pero no cabe duda de que da en el clavo cuando habla de “la execrable política de lo correcto”, cada día más en boga. Y esa política de lo correcto varía según sea quien aplique dichos criterios y de su perfil ideológico: para unos hay que evitar la violencia en el teatro de títeres (eso si, los video juegos se venden como rosquillas en todo el mundo con un nivel de violencia fuera de toda cordura y nadie le pone freno), para otros a los niños hay que contarles las cosas como si fuesen mayores (sin caer en la cuenta de que ya les llegará la hora de ser mayores y sin tener en cuenta lo que puede leerse en cualquier tratado divulgativo de neurociencia), otros dicen que el títere es sobre todo un teatro visual, otros que el títere participativo está caduco, etc.

En cuanto al comentario que hace del Teatro La Luna, no podemos estar en acuerdo o desacuerdo puesto que no hemos visto aún su último montaje; pero de lo que no cabe ninguna duda es que sus marionetas no han sido compradas en la calle Laurel ni en ninguna otra, se las trabajan ellos mismos con gran esfuerzo y dedicación. Podéis ver fotos de algunos de sus montajes en nuestro directorio de compañías. Pueden haberse equivocado en su último montaje, no lo sé, es posible, sin embargo aplican criterios de profesionalidad en todo lo que hacen.

Lo que más me gusta de la nota de Ricardo Romanos es su prosa titerera y de cachiporra, muy adecuada para hablar del milenario teatro de títeres.

A continuación os adjunto el correo que nos han enviado del Teatro de La Luna:

Simplemente decir a Ricardo Romanos que me parece estupendo que se hagan críticas a los festivales y a los espectáculos, tendría que darse más a menudo.

Lamento que le pareciésemos unos pelmazos, uno intenta que su trabajo guste. Pero decir que compramos los muñecos en la calle Laurel a un nigeriano es hablar sin rigor, sin tener ni idea de lo que está diciendo. Le pueden parecer terribles, lo lamento, pero son fruto de un largo y costoso proceso de trabajo sobre la obra de Alberto Sánchez, artista de la llamada Escuela de Vallecas, que nada tiene que ver con el arte africano; bueno, tal vez su interés por la naturaleza.

Añadiría a la crítica de Ricardo Romanos algo que creo que se le pasa al analizar el festival y que beneficiaría a todos. Los aforos para los festivales de títeres tienen que ser más reducidos, nuestro espectáculo lo recomendamos para unas 200 personas y actuamos para 700.

Sin más, un saludo,
Juan Manuel Recover.

PostData: posteriormente a todo esto, el Teatro de la Luna recibió con este montaje el premio -compartido con Periferia Teatro- al mejor espectáculo para público infantil en el Feten 2005. Lo cual pone en evidencia, una vez más, que no sólo se hace poca crítica teatral, sino que además, cuando se hace, la realizan personas que no tienen un sentido de lo teatral, y que no existen muchos profesionales de la comunicación con suficiente formación para hablar de teatro.
Una cosa es que una obra no te guste -cada cual está en su derecho-, pero otra muy distinta es sentar cátedra a partir de tus gustos y opiniones. Y de éstos, y no sólo en teatro, hay legión.


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