Enviado por yosihara
Los títeres son un tema serio para Carlos Converso, “no pendejaditas para llenar de chicle y chupirules las butacas de los teatros”.

A lo largo de los años, Carlos Converso, ha llegado a la conclusión de que estas figuras movidas por hilos y alambres cobran cualidades humanas gracias a arquetipos que todos heredamos de un pasado remoto.

“En las marionetas se encuentra la clave para desentrañar un lenguaje vinculado con las formas y los conceptos ancestrales. Esa empatía natural hacia una figura de madera y cartón no es exclusiva de los niños, los adultos conservamos también la necesidad de crear microuniversos que reflejen metáforas acerca de nosotros”.

¿Las cuerdas de los títeres nos mueven en realidad a nosotros? Es la pregunta que parece plantear Converso desde hace algunos años, a través de los talleres que imparte en diversos estados de la República como parte del Programa Creadores en los Estados de la Dirección General de Vinculación Cultural del Conaculta.

También actor y dramaturgo, el artista mira por el ventanal de un café los encabezados de los periódicos de un puesto cercano que anuncian los últimos videoescándalos políticos. Los espectáculos de títeres y máscaras de Converso parecerían ser en la actualidad una alegoría sobre la sociedad contemporánea, acostumbrada a ser movida por los que controlan a la opinión pública.

Considera a sus casi tres décadas de carrera como un largo proceso de experimentación. Su objetivo, mostrar la profundidad de las marionetas y montar obras alejadas del cliché infantil para explorar el drama, las pasiones y los cuestionamientos de los textos adultos.

“Cuando alguien mira un títere en movimiento la edad no existe. El teatro antiguo se hacía con máscaras para representar farsas de esos personajes intocables que nos gobernaban o que hacían de las suyas en todos los ámbitos de la sociedad. El teatro de marionetas ha sido clasificado erróneamente como una corriente exclusivamente infantil. Si alguien lee la cartelera del periódico y mira la palabra ‘títere’, de inmediato piensa en niños; sin embargo existe también en este género un trasfondo adulto que coloca nuestros rostros y voces a estos personajes eternos del subconsciente”.

La carrera de director y titiritero Carlos Converso se inició a principios de la década de los años ochenta con el espectáculo “Pandemonium”, que ganó el Premio Rosete Aranda a la mejor obra de títeres de 1984. A este montaje le siguieron: “Titirijugando”, “Un halo de esplendor”, “Al son del corazón” y “Barbacoa, historia de piratas”, esta última, seleccionada para participar en 1997 en el Festival Internacional de Tolosa y también en el de Alicante, España.

Como director de teatro, Converso ha presentado las piezas “Ubú rey”, “Comino va a la selva”, “Maniobras 7″ y “Se vende”.

Como maestro ha desarrollado múltiples talleres a lo largo de la República acerca del lenguaje de los títeres y sus técnicas. Ha recibido cinco becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes para el desarrollo de diversos proyectos. Entre sus libros publicados se cuentan “Barbacoa, historia de piratas”, “El entrenamiento del titiritero” y “La pesquisa”.

Aclara que los niños nunca han estado fuera de sus propósitos artísticos como director y dramaturgo y admite que el teatro para niños transita actualmente por un desarrollo muy importante que ya no admite propuestas vacías o predecibles. Opina que el respeto a la inteligencia de los pequeños debe ser hoy en día el primer cimiento para armar una obra infantil.

“Nos encontramos en un momento muy importante para el teatro en cualquiera de sus géneros. Existen nuevos talentos que comienzan a abrirse camino con obras muy buenas. Los títeres apenas si han mostrado algo de su riqueza escénica. Aguardan grandes retos en las próximas décadas para dotar de nuevos lenguajes a esta expresión”, concluyó.

Homero Bazán.

Fuente CONACULTA


Publicado el Miércoles 12 de mayo de 2004

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