Por Ricardo Lista.
Desguace Teatro
Fotografí­a de Desguace Teatro

Desde tiempos remotos, el hombre conoce al tí­tere. Claro que no se llamaba así­; claro que no tení­an las formas que hoy conocemos .. -¿O sí­?.

Se sabe, se piensa, se dice, que nuestros amigos animados nos acompañan desde las cavernas. Pues sí­, se presupone que los primeros hombres, pensantes claro, estando delante del fuego descubrieron unas sombras proyectadas sobre las paredes rocosas. Terror causó y más de uno perdió algún garrote intentando aniquilar a su etéreo y luminoso enemigo. Pero a fin de cuentas, dióse por vencido, y descubrió que dichas sombras provení­an de su encuentro con el fuego: así­ nace la primer voluntad de animación, por ello consideramos que ese fue el momento primigenio de nuestro arte. Un momento sagrado, si se tiene en cuenta que el fuego lo era, y la noche también. Porque de noche vení­an los espí­ritus, habitaban las almas y, luego, bajarí­an los dioses.

Y dicho esto, creo que tenemos cierto derecho a pensar que hoy dí­a, el sí­mbolo de un tí­tere, fuese cual fuese, activa fibras muy sensibles en nuestro cerebro; nos comunica con algo que está mas allá de nuestro entendimiento. Es un atavismo, como el fuego, como la sangre o el garrote. Y qué interesante: el fuego, dio nacimiento a este encuentro; la sangre, transportadora de vida y el garrote, fiel compañero del tí­tere, sobre todo de esos tí­teres de los siglos XVI, XVII, XVIII Y XIX, grotescos seres que copiaban y ridiculizaban las miserias humanas; también sus bondades, por qué no.

Pero nuestros amigos, compañeros de aventuras, han recorrido un gran camino hasta el dí­a de hoy: han sido prí­ncipes y mendigos; dioses y diablos; amados y odiados; buscados y rechazados; han conocido reyes, emperadores, pontí­fices, Señores y caballeros; también, vagos, ladrones, pillos, estafadores, charlatanes, gentes de pueblo y demás. Han transmitido el mensaje sagrado y el profano; han sido testigo de mil batallas, de mil gobiernos, de mil reinados; hay sobrevivido a las pestes, las matanzas, la inquisición, la censura y la pornografí­a. Han sabido reí­rse de lo que ningún otro puede; y han emocionado a más de uno con sus pequeños grandes artificios.

Objeto de ritual, objeto artí­stico, mentor de profundas observaciones, atrajo a los más ilustres creadores, notables como Cervantes, Del Valle Inclán, Lorca, entre otros. Es el tí­tere un pionero, un luchador.

A la vez muñeco, a la vez ser animado, es, tal vez, el más humano de todos los artes, capaz de mostrar a todos de qué materia está hecho el hombre: amor y odio, compasión y desprecio, risa y llanto; omnipresencia y finitud; temor y seguridad. El tí­tere, ser histórico.