Guía para navegar por Titerenet

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Jueves 25 de Marzo de 2004 (Titerenet) por José Luis.

A la vista de que existen algunas confusiones sobre qué es, quienes somos y cuales son nuestros objetivos, aquí está esta especie de Guía que pretende ser de utilidad.

Habíamos detectado cierta confusión en algunos usuarios de Titerenet y nuestro Redactor Jefe, el Sr. Bolorino, nos había convocado a una reunión de trabajo de que la pudiera salir una especie de Guía de Navegación.

Jueves 25 de febrero. Hora: 07,30 AM.

Sólo faltaba el Jefe en la Sala de Entrevistas y los que allí estábamos: Carlos, Ricardo, Lechuguino, mi perro y yo; teníamos todavía cara de bollo, tostadas y café.

Bolorino hizo su aparición, radiante, como un galán de cine.

-Chicos, hoy quisiera aclarar las dudas de nuestros visitantes.

-¡De acuerdo!- gritamos todos, menos mi perro, que se había quedado dormido encima de mis zapatos.

-Lo primero: ¿cuál es nuestro objetivo?- preguntó, y se hizo un silencio espectacular.

-¿Ganar la Lotería?- expuso Lechuguino.

-¡Calla, Lechuguino!- gritamos todos, incluso mi perro.

-Nosotros no tenemos objetivo -Bolorino se respondía a sí mismo-. Hacemos Titerenet porque nos apetece, aunque perdamos dinero. Las suscripciones de las compañías nos sirven para parchear gastos.

-Vale -dije yo-, no tenemos objetivos, ¿pero tenemos obligaciones?

-Nuestra obligación es organizar, escribir y tomar café barato.

-¡Calla, Lechuguino!

-¡Obligaciones no, por fa…!- gritó Carlos.

-Veamos, panda, que sois una panda -susurró el Jefe-. Nuestra obligación es cumplir el compromiso que tenemos con los suscriptores.

-Y es poner su información destacada y clara en el Directorio de Compañías- continuó Ricardo.

-Menos mal que hay uno que piensa -Bolorino nos miró un instante, silencioso y misterioso-. Otra obligación es cumplir con nuestra parte cuando una compañía o un festival contrata uno de nuestros paquetes de publicidad.

-Yo creo -continuó Ricardo- que vivimos inmersos en una sociedad de consumo, donde todo es servicio. Y Titerenet funciona muy diferente a eso, es algo parecido a una comunidad horizontal. Es importante hacerles entender eso a nuestros visitantes: Titerenet no es una empresa de servicios.

-Muy bien dicho -exclamó entusiasmado Bolorino-, yo diría que Titerenet… ¡es un regalo!

Todos aplaudimos emocionados.

-Titerenet posibilita el intercambio de información, opiniones y sucesos -Ricardo estaba lanzado-. Pero no hará publicidad a nadie, pues para eso tiene un servicio pago de publicidad.

Más aplausos. La verdad es que hay que reconocer que nos llevamos bien.

-¿Y…?- Lechuguino.

-Y nada más -Bolorino se recolocó las gafas, con su gesto característico.

-Pero además tendremos una Guía de Estilo -dije, mientras me arrancaba un pelo de la oreja.

-Nosotros tenemos varias -apuntó el Jefe-: la Guía de Ricardo, la de Carlos, la de José Luis y la mía.

-¿Y si recibimos un mensaje pidiéndonos urgente esto a aquello?- algo confuso, Lechuguino se rascaba un ojo.

-Lo contestamos debidamente.

-¿Y cómo es eso?

-¡A la papelera!- gritamos los presentes, excepto Lechuguino que nos miraba con los ojos desorbitados.

-¡Pero esto es el caos, la anarquía, la desobediencia social, la quiebra moral!- gritó al fin Lechuguino, subido a la silla.

-Calma, Lechuguino -le dijo Bolorino-, además, tú no existes, sólo eres un personaje inventado por José Luis.

El pobre nos miró con expresión de angustia:

-¿Pero me puedo quedar?

-¡Qué sí, Lechuguino! -gritó Néstor Flops, que entraba en ese momento por la ventana, para sentarse luego sobre el piano.

-Nosotros vamos a nuestra bola, ese es nuestro objetivo- aclaró el Jefe-. Hacemos lo que podemos y lo que nos apetece. Habitamos un mundo virtual que hemos creado porque nos gustan los títeres. Nuestro mundo se parece al de las marionetas, no hay normas y cada cual colabora con lo que quiere y puede.

-Todos pueden participar de Titerenet -continuó Ricardo-, esto es una comunidad. La participación de quines nos visitan posibilita el crecimiento de la página y, por ende, nuestro crecimiento como titiriteros.

-¡Bien!- dijimos el resto, cual coro griego.

El Conserje entró con un portátil entre sus manos:

-He traído esto porque me ha parecido urgente.

Miramos la pantalla del ordenador. En la bandeja de entrada centelleaba un correo:

-Necesito urgente -leyó Ricardo- información sobre grupo de títeres de tono moderado. Un saludo. San Ignacio. La dirección de origen es: s.ignacio@elcielo.com

La habitación se disgregó en trocitos que volaban como a cámara lenta. Yo me vi pedaleando en mi bicicleta por una pradera multicolor, hasta que recordé que yo no tengo bicicleta. Caí al suelo y una enorme pelota de golf con el nombre de Titerenet grabado en su superficie pasó muy lenta junto a mí.

-Titerenet va a su bola- dije en voz alta.

Ahora flotaba en el espacio, mientras giraba sobre mí mismo, como un pequeño meteorito liberado de cualquier campo gravitatorio.

-¿Hacia dónde voy? -pensé-. Da igual, no tenemos objetivos y el espacio es infinito.

Torcí por la segunda galaxia a la izquierda. Alquilé una botella para mensajes sin prioridad y la programé dirección a Titerenet.

Debo darme prisa, mi perro ha levantado la pata sobre uno de los vehículos espaciales enviados a Marte.

-Si llega a mearlo ya verás que van a pensar que por fin han encontrado agua en el planeta rojo.

Meteré estas líneas en la botella para mensajes sin prioridad y trataré de detener a ese rottweiler incontinente.


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