Festival de Canarias

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Domingo 14 de Marzo de 2004 (Festivales y Ferias) por José Luis.

Los Realejos, Santa Cruz de Tenerife, San Sebastián de la Gomera y Tías de Lanzarote se suman al “Festival de Canarias”.

Tiemblo al recordar que todo comenzó una mañana en la que en mi despacho (ahora, con la nueva versión, tengo hasta despacho; eso sí, debajo de la escalera, como Harry Potter) estábamos reunidos el que escribe, mi ayudante Lechuguino y mi amigo Néstor, y de pronto por el interfono sonó la voz de Bolorino:

-Canarios, a mi despacho- así que cual canarios con pluma, volamos hasta el despacho del Gran Jefe.

-Ha llegado esta noticia del Festival de Canarias.

-¿Cuál de ellos? -pregunté-, allí nacen Festivales que duran uno o dos años y luego desaparecen.

-Aquí sólo pone Festival de Canarias.

Así que nos fuimos al despacho bajo la escalera, y pusimos para inspirarnos un cedé de Benito Cabrera en el primer cargador y otro de José Antonio Ramos en el segundo (músicos de las islas).

-Lo primero que me llama la atención es que en el Festival participan grupos de Ecuador, México, Portugal, Argentina, Uruguay, Cataluña y Nueva Zelanda, pero ninguno de Canarias- dijo acertadamente Néstor.

-Quizá no haya grupos allá- puntualizó Lechuguino.

Con mi dedo mágico (recordad que estoy debajo de una escalera, como el famoso Harry) di a la tecla buscadora y ante mí aparecieron los datos de algunas de las compañías de títeres de las Islas Afortunadas: Cuentos con Encanto, Titiritrán, Bolina y Bambo, Hooka, La Charlatana, Barullo, Teatro Insular de Marionetas, Tragaluz, más otra compañía de la isla de La Palma, cuyo nombre no lograba recordar el ordenador.

-Aquí tengo nueve, y seguro que existe alguna más- dije.

-Tal vez actúan mucho esas compañías y por eso no están en el Festival, para que el público cambie de espectáculos y no vea siempre lo mismo.

-Según los datos del ordenador -conferencié-, el balance económico de los grupos de Canarias es el más bajo de entre todas las Comunidades del Estado Español.

Y fue entonces cuando pasó.

Vimos una luz que se filtraba entre las notas del timple de Benito Cabrera, las paredes del despacho desaparecieron, y escuchamos un ritmo bereber.
Cuando abrimos los ojos (somos muy cobardes, lo admito) nos dimos cuenta que nos encontrábamos en lo alto de una montaña.

-Creo que estamos en Tindaya, en la isla de Fuerteventura- carraspeó, más que dijo Néstor.

Delante de nosotros hubo otra explosión. Nos ocultamos tras una piedra. Entre el humo apareció un hombre muy alto, podía medir un metro noventa, e iba vestido con pieles de cabra.

-Estáis en el Fquen de Tindaya, la Montaña Cósmica- dijo.

-¿Fe qué?- susurró Lechuguino.

-Los Fquenes son los lugares sagrados en la cultura bereber, y por lo tanto en la cultura aborigen canaria.

-Así es -dijo el hombre, que más que oírme, me había adivinado.

-¿Qué hacemos aquí?- pregunté.

El hombre se sentó en el suelo y nos hizo una seña con la mano para que nos acercásemos.

-Los antiguos habitantes de estas islas fueron aniquilados o convertidos en esclavos. Sólo perviven trazos de su memoria, yo, Sacerdote de los Mahoreros, soy uno de esos trazos.

-No sabe cuanto lo siento, buen hombre -le dijo Lechuguino-, pero nosotros no habíamos nacido cuando eso pasó. No tenemos la culpa de nada.

-¡Calla, insensato!- gritó el Sacerdote.

-Sí, señor.

-La cultura aborigen de las islas desapareció y nosotros, los Guardianes de las Islas -se escuchó un trueno cercano- no queremos que aquello vuelva a suceder.

-Si lo dice porque nos hemos ido a vivir a Madrid.

-Tenéis mucha menos inteligencia que mi perro- dijo.

-¡Anda, éste también tiene perro!- me dijo al oído Néstor.

Escuchamos otro trueno y ante nosotros apareció un animal grandioso, mayor que un gran danés y con el pelaje atigrado. Se sentó al lado del Sacerdote.

La expresión del perro no era fiera, pero nosotros estábamos paralizados.

-Sé que vais a escribir sobre la cultura de Canarias.

-Sólo de un festivalillo de marionetas- dije yo.

Desde lo alto descendió una esfera brillante y se colocó frente a nosotros y -¡oh, cielos!-, habló:

-Otros países defienden su cultura, pero aquí parece que el canario debe emigrar o morir de hambre a manos de cualquiera que venga de fuera, o de los sedientos de poder de dentro.

Nosotros mudos, claro.

-Ese festivalillo significa la destrucción de circuitos de teatro existentes. Circuitos que los grupos de las islas han abierto en su duro deambular como mensajeros de la cultura.

-¿Cómo dice?

-El Pájaro Azul -todos miramos hacia arriba, pero luego recordamos que era el grupo que organiza el festivalillo-, contacta con los grupos invitados mostrándoles el encanto de las Islas Afortunadas, de tal manera que hasta algunos, por ejemplo, se atreven a venir desde Nueva Zelanda pagando de su bolsillo el pasaje. Así, El Pájaro Azul, consigue traer a grupos internacionales con un coste muy reducido, lo que seduce a los programadores culturales. Luego cobra 1000 euros por función (al cambio, es casi paritario con el dólar, depende de las fluctuaciones del mercado; esto es mío, la Bola de Fuego no dijo nada de las fluctuaciones del mercado), donde está incluida su comisión como empresa representante.

-Bueno -le dije-, el hombre se busca la vida.

-Matías el argentino -dijo la Bola de Fuego- es un auténtico buscavidas, con una tremenda habilidad para seducir. Pero, poco a poco, se va apropiando, gracias al pasotismo de los programadores culturales, de circuitos que él no ha creado, y se mueve en el SOCAEM (últimas noticias nos hablan de que tal vez el Pájaro tiene un “colega” muy influyente en las esferas culturales autonómicas; seguiremos investigando, que esto se pone emocionante) para tratar de conseguir subvenciones que por derecho propio pertenecen a las compañías de las islas. No hay que olvidar que ese dinero nace de los impuestos que genera la actividad económica de la gente que trabaja aquí, es decir, y a pesar de que muchos lo han olvidado, se trata de un dinero público, un dinero que nos pertenece a todos.

Para colmo, no se cuenta en dicho festivalillo con las compañías asentadas en Canarias, ni con las compañías canarias asentadas en la Península.

En definitiva, El Pájaro Azul, es una empresa que se expande, sacando plusvalía del esfuerzo e ilusión de las compañías que vienen de fuera, que no respeta el entramado económico de la gestión:

-Fíjate -dirán los programadores aburridos de su trabajo-, por mil euros tenemos una compañía de Nueva Zelanda, ¡uau!…

Ese Pájaro ignora a las compañías autóctonas, y tiene la ambición de crear un único Festoval en todas las islas -el suyo-, que perjudica gravemente la continuidad del teatro de títeres en Canarias. Lo que los municipios se gastan en ese Festival suele ser, casi, casi, el total de lo que dedican al teatro de marionetas durante todo el año, ¿qué queda pues para los de dentro?… Sólo las migajas, siempre las migajas para las compañías de teatro de títeres.

Hubo una nueva explosión y nos vimos los tres en el despacho, desparramados por el suelo.

-¿Qué ha pasado?, ¿qué hacemos ahora?- eran las primeras palabras de Lechuguino desde que había sido llamado insensato.

-Escribir, palabra por palabra, lo que nos ha sucedido y lo que hemos oído. dije yo.

Y eso hemos hecho. Todo lo que oímos en Canarias está puesto en estas líneas, todo menos el susto que todavía llevamos dentro.

PD: Por supuesto que luego comprobamos los datos que nos había facilitado la Bola de Fuego: Matías Rodríguez, director de El Pájaro Azul, es un argentino que llegó hace unos años a Canarias. Lo del grupo de Nueva Zelanda que se paga el pasaje está también comprobado (por palabras escritas y que tenemos en nuestro poder del propio Matías Rodríguez). También está comprobado lo de los mil euros por función, y confirmado también que las compañías visitantes no cobran esa cantidad ni por asomo (la fuente es un comunicante anónimo -como todo comunicante que así quiera serlo que facilita información a un medio de comunicación- de toda confianza y credibilidad).

Las compañías que participan en el Festival lo hacen porque es una oportunidad de conocer Canarias (según palabras también del propio Matías), y los programadores culturales, siempre muy vinculados a los políticos, dicen que es una oportunidad, que suma votos, de tener compañías de fuera, y que por 1000 euros por función están en las islas, así sin más. En medio de todo, entre los Programadores y el Pájaro, las compañías canarias, siempre pendientes de un hilo, y no precisamente del de sus marionetas.

Eso es todo, amigos. Como siempre, la cultura se va por el retrete, gracias a la labor de los mercaderes y de los políticos, que hoy queman esta tierra en pos de su beneficio y mañana quemarán otra, ¿qué más les da, si se llevan el dinero con ellos?

-Bendita sea mi tierra -comentó nuestro compañero Ricardo, que por si no lo sabéis es argentino, tras leer la nota-, ese Pájaro no debe ser de los que se fueron por hambre, sino porque no tenían espacio físico para chantas.

-¿Queréis cortar ya? -replicó Carlos-, que os está quedando un artículo larguísimo. Y mucho rollo, pero ya veréis cuando cuente yo lo que pasa en Andalucía. Que aquí sabemos también mucho de mercaderes.

-Y la corrupción en Argentina…- terció Ricardo.

-¿Para qué sirve este botón? -preguntó Lechuguino-, pone “on/off”- vimos avanzar su dedo hacia el interruptor del Servidor y…


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