El Títere como signo ambivalente

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Viernes 10 de Enero de 2003 (Formación) por José Bolorino.

En Noviembre del recién pasado año publicamos el artículo “La tipificación en la interpretación del personaje” escrito por Rafael Curci, como parte de una serie de tres colaboraciones más del mismo autor.
Continuamos, después de año nuevo, ahora ofreciéndo un segundo artículo extraido del libro “De los Objetos y otras manipulaciones titiriteras” publicado por Tridente Libros en Argentina, en marzo de 2002.

Rafael Curci es titiritero, autor y director de teatro de títeres y radica en Argentina. Entre sus obras destacan “El Ángel Terminal”, “Ilusiones y mareas y Fábula de Basilisa la luz y el fuego”, entre otras. El presente artículo es un fragmento del capítulo Signos y Títeres perteneciente a su libro “De los Objetos y otras manipulaciones titiriteras”.

“El títere se constituye como Signo Ambivalente: es inanimado y sin embargo parece vivo”

El Títere como signo ambivalente
Por Rafael Curci

“El signo es la cosa predominante en el teatro”
Giraudoux

Una de las particularidades propias del teatro de títeres ocurre durante la representación. Ésta consiste en que el público está viendo- al mismo tiempo que el propio titiritero- al personaje- títere, solo que desde otro ángulo.

Para el público no hay opciones, ve lo que ve. Pero ¿ qué es lo que ve? Básicamente, lo que el espectador observa durante una representación -más allá del universo dramático en que se inscriba-, es la manipulación más o menos elaborada de un objeto, que a su vez trasmite una serie de signos que integran un lenguaje.

El lenguaje es el conjunto de signos con los cuales el títere codifica su mensaje para que el receptor-espectador lo decodifique y pueda entenderlo.
La unidad de comunicación está compuesta por dos elementos: el significado que es la representación mental de un concepto, y el significante, que es la imagen (signo) que representa el concepto.

La existencia misma de una acción teatral por más elemental que sea, sugiere una significación.

Dentro del marco de la representación, el carácter sígnico de toda acción se acentúa, en la medida de que algo ficticio se exhibe mediante una forma de ejecución. El elemento primario en una representación de títeres (además de la colaboración de otros signos como los verbales, escenográficos, musicales, etc.), viene dado por un cuerpo que no es humano, que se sostiene y se mueve gracias a la intervención de un manipulador que a su vez se constituye en un signo, dado que es perceptible más allá de que esté oculto o a la vista del público.

Un cuerpo que no es humano y que se presenta como una cosa porque alguien lo exhibe de manera tal que simula vida, y al hacerlo lo separa de los sucesos reales, lo constituye como un signo. De ahí en más pasan a ser significantes los movimientos que hace ese cuerpo y el espacio en que se inscriben.

Pero ¿Qué ve el espectador? En el artículo “Cuerpo, Tiempo y Espacio en el Teatro de Títeres” Ariel Bufano exponía:

“El titiritero (su cuerpo) no es lo que percibe el público y sin embargo tampoco es el otro (cuerpo del títere). El cuerpo del títere sólo es un trozo de cartapesta, madera o espuma de goma y el público no ve esto. Ve a un personaje en su cuerpo”

No comparto este concepto pues entiendo que el títere -en cuanto signo constituido-, plantea una doble percepción para el espectador.

A mi modo de ver éste fenómeno, el público percibe dos instancias de un mismo signo:

a)Percibe a los títeres como muñecos u objetos, esto es, objetivando su carácter inanimado. Esa ?cosa? que se muestra ante sus ojos es algo artificial, echo de materiales diversos y carente de autonomía para moverse por sí solo.

b)Percibe al mismo tiempo que, cuando ese objeto se mueve en función dramática adquiere un rango de vida, que es concedida mediante la acción de un manipulador (oculto o a la vista), el titiritero.

Durante la representación titiritera el espectador entra en el plano de las convenciones y acepta esta particular lectura que le impone el signo.

Su conciencia de que los objetos no están vivos se modifica a medida que los títeres adquieren facultades de personajes dentro del plano de la ficción, donde su existencia se vuelve posible, original, concreta. Pero aún así, en el caso que el espectador acepte ese sujeto escénico, el mismo nunca perderá su condición de “cosa”, de objeto espurio, en virtud de que en ningún momento
abandona su condición artificial, más allá de establecerse como personaje.

En consecuencia, entiendo que el títere se constituye como Signo Ambivalente: es un objeto que, movido en función dramática simula vida, y al mismo tiempo, se percibe como algo espurio, inorgánico, artificial.

Es ambivalente en la medida en que se presta a dos interpretaciones opuestas: es inanimado y sin embargo parece vivo.

Y justamente, dado su carácter de Signo Ambivalente define también la doble existencia del títere: el objeto es percibido desde su artificialidad y, al mismo tiempo, como personaje escénico.

Constituido como tal, el signo-títere proyecta a su vez un variado conjunto de signos ( lingüísticos, icónicos, miméticos, kinésicos, etc.) que le confieren un carácter metaforizante (allí donde hay metáfora hay necesariamente dos signos o conjunto de signos). Y cuando el signo-títere la metaforización y opera en distintos niveles, eventualmente se torna simbólico.

Hoy por hoy sabemos que el símbolo es un signo metaforizado y esa cualidad es innata en los títeres, una parte indisoluble y claramente perceptible de su identidad escénica.


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