La tipificación en la interpretación de un personaje

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Jueves 7 de Noviembre de 2002 (Formación) por José Bolorino.

Ninus Teatre de Marionetes
Marionetas de la compañía Ninus.

El libro de Rafael Curci recoge una serie de ensayos sobre la formación profesional del titiritero y el género como disciplina artística. Una interesante aportación en dos tema de amplio interés ante la falta de formación que gran parte del sector aún padece. Los que no sois titiriteros hallaréis elementos para “darse cuenta” mejor de que ser titiritero entraña su dificultad.

El estereotipo nada tiene que ver con los títeres; es la concepción estática y banal de un personaje que se expresa con clichés.

La tipificación en la interpretación de un personaje.

Existe una constante en la interpretación titiritera en relación a cierto estilo para representar determinados personajes-tipo.

Los personajes tipo se encuentran particularmente en las formas teatrales de gran tradición histórica donde los caracteres recurrentes representan grandes tipos humanos, cuyos rasgos son reconocidos a simple vista por el público.

La tipificación consiste en la caracterización de un personaje convencional, que posee cualidades físicas, psicológicas o morales reconocibles por la audiencia o por buena parte de ella. Mediante el efecto de la tipificación, el personaje no representa si no un individuo, al menos a un grupo bastante restringido de personas, cuyos rasgos humanos son explícitamente identificables.

El teatro de títeres dispone de una larga tradición a través de los siglos y valiéndose de ella, supo capitalizar distintas corrientes originadas en el teatro para reformularlas de acuerdo a su lenguaje expresivo.

La Comeddia dell Arte y muchos de sus personajes (el doctor, el avaro, Polichinela, el sirviente, la comadrona, el capitán, etc) se instalaron de repente en los retablos adaptándose a las múltiples técnicas titiriteras, pero conservando siempre su espíritu original, su tipo.

Los cómicos de la Comeddia interpretaban sus roles con máscaras grotescas y vestuarios distintivos, sintetizando en pocos gestos y escasas palabras la esencia de su carácter, sus intenciones, y el rol en la trama que debían cumplir.

No tardó en aparecer Pantaleón, el viejo avaro que quería conquistar a la dulce Colombina, que a su vez era pretendida por el joven Brigella, y sus dos revoltosos sirvientes: Arlequín y Polichinela.

Esta comedia de enredos se representaba con las típicas máscaras de los personajes de la Comeddia pero ahora sin actores; los títeres de guante hacían de las suyas en un modesto palco o retablo, acentuando el tono burlón de la farsa con diálogos cortos y picarescos, corridas y cachiporras a granel.

Con el correr del tiempo estas máscaras se fueron trasformando o bien adaptando a otros tipos y modos locales, resumiendo en una mueca todos los rasgos de un individuo que, finalmente, tenía un poco de todos y a su vez era claramente reconocible.

Todos estos atributos, sumados a la abstracción de caracteres para representar grandes tipos humanos que sintetizan los títeres, conformaron la esencia de la tipificación que llega hasta nuestros días.

El títere es una máscara. Aparece y no necesita presentación. Es el enamorado, la bruja, el sabio. Se ve obligado a representar los rasgos más sobresalientes del comportamiento humano reduciéndolos a la quintaesencia y, en el peor de los casos, cayendo en el estereotipo.

El estereotipo nada tiene que ver con los títeres; es la concepción estática y banal de un personaje que se expresa con clichés. Todos sus actos son poco imaginativos, simplones, rudimentarios, basados siempre en un modelo fijo.
Hay una línea muy delgada entre la síntesis acética de un personaje y la banalidad del estereotipo, y el titiritero debe conocer el límite preciso dónde termina uno y empieza el otro.

La tipificación es algo muy distinto; hasta el personaje más elaborado se reduce, de hecho, a un conjunto de rasgos, incluso de signos distintivos, que el titiritero resalta a favor de su personaje.

Un estudio tipológico de los personajes dramáticos revela que algunas figuras proceden de cierta visión intuitiva y mimética del hombre y ellas remiten a complejos comportamientos universales. Dentro de este marco podríamos mencionar a Fausto, Edipo o Fedra como personajes arquetípicos. El interés de estos caracteres es el de superar ampliamente el marco de su situación particular según las distintas dramatúrgias, para erguirse como modelo arcaico universal. El arquetipo sería, por lo tanto, un tipo de personaje particularmente general y recurrente en una obra, una época, en todas las literaturas y mitologías.

No es casual que el teatro de títeres esté colmado de personajes tipificados en virtud de que los mismos recatan y proyectan lo esencial del hombre.

Como legado de la Comeddia Dell Arte italiana el teatro de títeres recibió entre otros tantos, a un personaje socarrón y pendenciero llamado Polichinela, que cruzó el mar y apareció en Inglaterra con el nombre de Punch; Petruchka en la Unión Soviética y Cristobita en España. Todos ellos tienen en común su carácter irascible, el amor a la libertad, el jolgorio y la burla, además de una joroba, la nariz encorvada u otra deformidad innata.

En muchos de estos países, el titiritero incorporó una lengüeta de metal que, aplicada contra el paladar, alteraba el tono de la voz hasta volverlo chillón, artificial. Fue utilizada hace siglos atrás por los Punch- men ingleses, por titiriteros españoles e italianos, incluso sigue en vigencia en algunas representaciones tradicionales en la India y África.

En la actualidad el titiritero se vale del falsete o distorsiona su voz recreando a veces -sin proponérselo-, el modo de hablar de sus predecesores.

Esa distorsión o deformación de la voz natural que utilizan muchos titiriteros para hacer hablar a sus criaturas se convirtió en un sello distintivo dentro del género y este hecho contribuyó en gran parte a la tipificación.

La aparición de personajes netamente tipificados en el género se explica a menudo cuando varios personajes de una obra son interpretados por un mismo titiritero.

Cuando esto ocurre, el intérprete se ve en la necesidad de comprometer al máximo su registro vocal, cuidando de no sacrificar los matices ni de restarle potencia a la emisión de las voces.

En consecuencia, la voz pasa a condensar el carácter del personaje en un tono particular, en un timbre específico y modulado que lo distinguirá de otros que lo acompañan en la misma escena.

Ahora bien; si tenemos en cuenta esta particularidad en la transferencia de la voz y la sumamos a las acciones físicas que puede proyectar un títere (en función a la técnica y el rol que debe representar), lo que tendremos es la condensación de caracteres de un individuo X , la quintaesencia de un sujeto, en una palabra: la tipificación de un personaje.


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