Crónica de Angélica Gómez desde Gijón, donde se desarrolla la undécima edición de Fetén; desde el día 25 de febrero al 1 de marzo.
Crónica / Feria europea de teatro para Niños
Miércoles, 27 de Febrero de 2002.
Gijón.
Amanece nublado, con lluvia. Sales del Hotel Begoña, en pleno centro de Gijón, algo rancio, destartalado, grande, con una puerta automática que ruge cada vez que abre o cierra, pero de habitaciones confortables, reformadas, de baño con detallitos de grandes hoteles, tipo jabón, champú, etc, y te encaminas a recoger las credenciales al Instituto Jovellanos. La ciudad es algo así como el hotel, de tiendas antiguas, de letreros viejos y grandes, de edificios con mucho sabor y la gente es amable, sonríe, escucha, tiene la hospitalidad metida en los ojos.
A las 10.30 horas comienza la sesión con la compañía Teloncillo y la obra “Tartarín”, en el hotel Jovellanos, un teatro clásico, de butacas de estas que ya no hay. La escenografía de la obra encandila. Es ingeniosa y recurrente y sobre todo poética, capaz de crear espacios y mundos fantásticos siempre gobernados por la sencillez. Los personajes son caricaturescos y los niños del público participan, se emocionan, ríen, quieren ayudar a Tartarín, el héroe torpe, algo ignorante, algo fanfarrón.
Esto es un no parar y tras la primera función nos llevan en autocar hasta un espacio habilitado en las afueras de la ciudad para ver a la compañía italiana Teatro Settimo y el montaje “Aquarium”, una compleja puesta en escena sobre los fondos marinos. Llama especialmente la atención el uso de elementos sencillos para reproducir la fauna del fondo del mar y el empleo de telas que, ayudadas por una buena iluminación, consiguen crear sensaciones licuantes y placenteras en los espectadores, grandes y pequeños. Aunque he oído de todo: desde que sí, que bien los efectos, pero que pierde ritmo, que la segunda parte mejor, que demasiado texto en italiano… Una selección musical realmente buena y unos artilugios muy efectistas.
Almorzamos. Lo típico: presentaciones, presentaciones y chopitos, presentaciones y una especie de fabada asturiana, postres y despedidas: a más teatro, esta vez “Frío frío”, de Higiénico Papel (Asturias). La acogida que ha tenido esta obra ha sido muy calurosa, posiblemente debido en parte a ser una compañía de estos lares, porque la que aquí teclea se ha echado unas cuantas cabezaditas, no sé si por la fabada o por los pasajes tan televisivos de “Frío frío”, televisivos a lo “Crónicas marcianas” con personajes grotescos del siglo XXI, de estos pijos de melodrama de madrugada, de crónica rosa. Hay que salvar a los personajes de los esquimales, interpretados por chicas que hacían de hombres, sin mayor justificación, una parejita de amiguetes de muy buen rollito.
La trama quería sustentarse en la ciencia ficción, el científico malo que aumenta la temperatura terrestre hasta transformar el polo norte en una especie de Caribe donde pasan los vendedores de latas de refrescos, algo surrealista, con una estética muy cercana al dibujo animado de consumo rápido, tirando un poco a las “Super nenas”.
Son las 17.00 horas, hace un viento sobrenatural y nos encerramos en la Colegiata, una antigua iglesia transformada en teatro.
El programador que tengo a mi lado me dice que qué mejor lugar que éste, que en la iglesia siempre ha habido mucho teatro. Y comienza la función: “Miramira”, de Ultramarinos de Lucas, de Castilla-La Mancha, un espectáculo minimalista con música en directo (un piano de cola) y un juego de composiciones con figuras geométricas a cargo de dos actores, un trabajo centrado en el gesto, el movimiento, la coordinación entre el cuerpo, la música y el espacio.
Concluyo: PTV Clowns, con “Y de repente…¡pliff!”, una producción con diez personas (entre técnicos y actores) y un presupuesto elevado y que incluye al fin algo de títeres, para los amantes de los muñecos animados, que sois los que frecuentáis esta página universal. Un espectáculo con unas escenografías realmente fantásticas que demuestran, una vez más, que en teatro todo es posible. En esta puesta en escena hay realmente de todo: acrobacias, buen clown, humor, sincronía de gestos, música, títeres, decorados a lo grande, teatro negro.
Una tiene la sensación de volver a ser niña con Piojo, Hula y Miguel, los payasos de PTV Clowns, los graciosos, los alumnos poco aplicados, de sabio malvivir, entrañables, simpáticos, y el listo. A la vez también se puede tener la impresión de estar dentro de un programa televisivo. Cualquiera de las dos fórmulas encierran una divertida aventura donde no falta la magia y sobre todo lo más importante: una actualización de la risa del mayor espectáculo del mundo, que por fortuna empieza a encontrar un espacio en estos ciber-tiempos.
Me despido, no sin antes avisar: ya veremos lo que soy capaz de contar mañana porque dicen que aquí la noche es larga, que la sidra no te deja dormir.
Angélica Gómez desde Gijón para titerenet.
Publicado el Jueves 28 de febrero de 2002


