Mar Aumente, cuyo conocimiento directo de La Ópera dei Pupi y del Museo Antonio Pasqualino le hace estar en las mejores condiciones para seguir completando nuestro conocimiento de éste pedazo de la historia de los títeres, continua su relato.

Todos los testimonios relacionados con el teatro “dei pupi” han sido obtenidos tanto de la literatura folklorica del siglo XIX como de las investigaciones realizadas en el siglo XX y todos ellos ponen en evidencia la fuerte carga emotiva que caracterizaba la relación entre el público y los personajes “dell’opra”.

Para los espectadores, las historias que se contaban constituían un paradigma de las relaciones sociales e individuales, usado para clasificar hechos y personas de la vida: “Un ser infame, un traidor del cual uno no se podía fiar es un Gano de Magonza. Un hombre rico y avaro que se deja engañar por cualquier malvado es un Carlo Magno. Un hombre fortisímo, leal y fiel, desafortunado con las mujeres, es un Orlando; mientras que un hombre fuerte, rebelde, bromista, mujeriego, capaz de resolver cualquier situación con éxito es un Rinaldo. Un fanfarrón alegre y generoso es un Astolfo” (L’opera dei pupi, cit., p.40).

En cuanto al aspecto cíclico, la neta caracterización de los personajes y la estructura “agonística” de los acontecimientos puestos en escena tendían a transformar a los espectadores en una “comunitas”: “un grupo cerrado, unido en base a la conciencia de compartir un saber importante. El seguir asiduamente la serie completa de las representaciones de la “Storia dei paladini”, permitía al neofito conseguir la iniciación y los iniciados contribuian a adoctrinar al recién llegado con explicaciones. Las conversaciones y las discusiones tendían a reafirmar a los iniciados su propia participación dentro del grupo”(ibidem).

El proceso de inmedesimarse por parte de los espectadores estaba reforzado gracias a una serie de estratagemas escénicas (luces, rumores, sonidos) y especialmente del modo extraordianrio que hoy todavia viene usado para representar las luchas armadas: auténticas “danzas”con una cadencia particular que se manifiesta en el encuentro de las espadas, escudos, corazas, y del continuo golpeteo que con el pie realiza el “puparo” mientras tiene lugar la batalla y que marca repetidamente gracias a un zueco de madera que calza en el pié. La intensidad sonora y el ritmo aumentan, hasta que la escena no se cubre de guerreros muertos, decapitados, o cortados en dos, gracias a los mecanismos internos creados en determinadas marionetas que permiten realizar dichos efectos especiales.

En relación con este aspecto podemos encontrar otro hilo conductor con los “contastorie” . Los cuales cuando explicaban el desarrollo de duelos y batallas, empuñaban una “espada” de madera que agitaban en el aire mientras que desgranaban las palabras con una particular inflexión fónico-ritmica marcada por el golpeteo del pie contra el suelo, entrando en contacto con una Koinè de la tradición oral, difundida desde los Balcanes hasta el Norte de Africa.

La fuerte carga emotiva suscitada por la puesta en escena de las gestas de los héroes disminuía la tensión únicamente hacia el final de la noche, cuando los manipuladores realizaban la farsa, una representación cómica derivada de las “vastasate”, forma de teatro popular, a su vez basada en la reelaboración de material perteneciente a la Comedia del arte, que en el siglo XVIII estaba interpretado por actores en grandes barracas que se localizaban en las plazas. (i casotti)

Los “opranti” llevaban y continuan llevando a cabo todas las actividades relacionadas con la puesta en escena: elaboran los borradores, manipulan y dan la voz a los “pupi”, en ocasiones construyen y reparan, pintan los fondos de las escenas y los carteles destinados a la publicidad de los espectáculos.


Publicado el Domingo 21 de octubre de 2001

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